Thursday, April 10, 2003

Hiperrevueltos.
Por Rodolfo Kronfle Chambers. (10-04-03)
rodykronfle@hotmail.com

En exhibición hasta fines de este mes se encuentra en el Museo Municipal de Guayaquil una muestra titulada Hipercolectiva, que reúne obras de 34 jóvenes creadores (de los 45 artistas que se reproducen en el catálogo).

Lo que primero salta a la vista es la disparidad y el apilamiento de lo expuesto, que nos recuerda a los días más aciagos del Salón de Julio. No se evidencia ningún criterio curatorial, ni en la selección ni en el montaje. Algunas instituciones culturales del país –pese a las buenas intenciones- todavía no asumen las graves responsabilidades que adquieren, no sólo con lo que presentan, sino cómo lo presentan. La muestra en este sentido no aporta nada, no existe un hilo conductor ni propuesta que unifique (o distinga) a estos artistas, sólo se parte de la vaga premisa de crear ¨un registro necesario del acontecer plástico de las últimas tendencias pictóricas en el Ecuador…¨. La intención detrás de este desliz semántico parece ser simplemente el aglutinar un muestrario de diversas prácticas artísticas recientes, ya que lo de tendencias pictóricas pasó hace rato.

De este confuso mar intentaré rescatar a los autores que más llamaron mi atención: Las pinturas de Alirio Cuzco se apoyan en un prolijo dibujo y atención al detalle para describir una suerte de fantasía post industrial. El tipo de figuración que emplea nos recuerda a los afiches políticos europeos y a las ilustraciones de los años 50. Afín al trabajo del alemán Neo Rauch.

Olvidé en mi columna anterior mencionar a Fernando Falconí como uno de los artistas cuencanos de mayor proyección. Monopoly es una astuta crítica (con dedicatoria) a las perversiones del sistema capitalista. Idelfonso Franco utiliza los lechugines del río como símbolo identitario porteño en Guayas Mi Río, Mi Sangre y Mi Vida, obra que contrasta el entorno natural con la urbanidad coexistente.

De Janeth Méndez tenemos dos sábanas blancas sobre las cuales ha realizado trazos adhiriendo cabello; un aspecto formal que la distingue. Esta signografía íntima que parte de un marco referencial propio, aunque requiere de algún apoyo externo para potencializarla, constituye además una válida reevaluación del dibujo.

Wilson Paccha presenta un par de cuadros de sus ya características estridencias irreverentes, las narrativas dislocadas discurren acerca de la descomposición socio-política del país. Este autor fue objeto de la más curiosa polémica en lo que va del 2003 cuando se presentó su obra en Cuenca y fue catalogada como pornográfica por la intendencia.

Juan Carlos Palacios exhibe un bien concebido objeto (Westfalia, Cosmonauta de la Cosmopista) que celebra al clásico campero de la Volkswagen, icono de toda una generación. En No solo de pan vive el hombre, sino…de seguridad Frank Simbaña reproduce en masa de pan la simbología pop de Keith Haring en una lograda metáfora. Por su parte Danilo Zamora ironiza las demandas de una sociedad consumista y sus aspiraciones en la reñida búsqueda de una espiritualidad (El Buda Ardiete de Quito).

El Alfiletero de Diego Arias es tan atractivo como perturbador, y encierra una surrealista exquisitez. Aunque el objeto auto referencial Tómame, Consúmeme de Daniel Adum necesitaba la interacción del espectador para ser apreciado (se encuentra dentro de una vitrina) destaco el hecho de que tiene una ficha de identificación personalizada que, a pesar de su falta de sobriedad, es preferible a las que tan conspicuamente acompañan al resto de las obras, y que otorgan a la sala un ambiente de almacén de baratijas.

En sus dos obras Yoko Jácome evidencia un fino tratamiento de la pintura, con este solo considerando su obra sale airosa, las implicaciones son además interesantes. Roberto Jaramillo apela a la imagen publicitaria para comunicar sensorialidades y sugestiones eróticas. Aplaudo el hecho de que sea uno de los pocos (¿el único en la muestra?) que no se sienta compelido a tener que firmar sus telas en el anverso, hábito en desuso en el arte contemporáneo.

Existe una noble motivación detrás de la Fundación de Arte Contemporáneo La Corporación, cuyo afán de promoción (ver www.cityscope.biz/hipercolectiva) desgraciadamente contiene delirios de grandeza cuando afirman que están ¨al mismo nivel de artistas del primer mundo¨. Estos enunciados no hacen sino restar seriedad a su propósito.

No podemos juzgar al resto de los artistas por una o dos piezas, pero se ha incluido algunas obras que no deberían ser admitidas en un contexto museal. Un artista que se precie de sí mismo no puede asumir un falso espíritu de cuerpo al embarcarse sin reparos en una exposición colectiva que perjudique y desmerezca su trabajo, está bien andar juntos pero no revueltos.


Foto: Yoko Jacome ¨Borreguismos¨ 2002
Diego Arias ¨Alfiletero¨
Janeth Mendez ¨Yo soy mi amo I y II¨