sábado, julio 04, 2015

Jorge Oña: Serendipia / NoMÍNIMO, Guayaquil





BOREDON
70 X 60 cm
Acrílico, grafito, acuarela y tinta sobre lienzo
2012



THE PASSENGER
100 X 140 cm
Acrílico, grafito  y tinta sobre lienzo
2015


JOY
100 X 140 cm
Acrílico, grafito  y tinta sobre cartulina
2015


BEYOND
70 X 60 cm
Acrílico, grafito  y tinta sobre cartulina
2015



THE  WATCHER
100 X 140 cm
Acrílico, grafito  y tinta sobre lienzo
2015



INTERMISSION
50 X 65 cm
Grafito, acuarela y tinta sobre cartulina
2014


VANITY
70 X 60
Acrílico, grafito, acuarela y tinta sobre lienzo
2012

Observaciones sobre 'Serendipia' de Jorge Oña

Por Karina Skvirsky Aguilera
Artista y docente en Lafayette College (PA) y en Parsons School of Design (NY) donde imparte seminarios sobre el arte contemporáneo y la historia de la fotografía. Vive en Nueva York.

La escena de arte está en un proceso de rápido desarrollo en Guayaquil. El 30 de junio se inauguró la primera muestra individual de Jorge Oña en NoMÍNIMO, que junto con la galería DPM siguen apoyando a artistas emergentes en el Ecuador dándole un énfasis importante a la producción local. La exposición reúne seis pinturas y obras en papel que cuelgan de diferentes niveles en las paredes de la galería.

Antes de hablar en más detalle sobre la muestra quisiera hablar francamente sobre el uso de títulos en inglés. Esto lo he visto ya por un tiempo en el Ecuador especialmente con los artistas más jóvenes. ¿Cuál es la atracción? Me imagino que el inglés suena exótico en un contexto latinoamericano, a pesar de ser el idioma del “gringo imperialista”, el del dólar y el mercantilismo. Para mí es importante que los títulos vengan de la obra de forma orgánica o conceptual. Creo que es difícil usar un idioma con sutileza empleando metáforas y múltiples sentidos cuando uno no tiene el oído nativo. El riesgo de usar un idioma extranjero es que puede sonar pretencioso o peor aún causar indiferencia cuando el público no entiende la conexión entre el título y la obra: en el caso de Oña quedan suspendidos porque no ayudan a aclarar su propuesta, a pesar de que creo que él persigue la poesía tanto en sus títulos y como en su obra.

Tuve la oportunidad de hablar directamente con el artista y me contó un poco de las inquietudes y referencias detrás de su muestra. Entre estas las obras de Christo y Jeanne Claude, especialmente la manera como estos artistas empleaban las lonas para cubrir edificios como el Reichstag en Berlín—un gesto que hablaba del conflictivo pasado del edificio que representaba la democracia en Alemania.

Las lonas que se encuentran en las obras de Oña aluden al yute sintético que comúnmente se usa para cubrir los edificios en etapa de construcción y que vemos en todas partes. La idea de usar estos materiales ubicuos me parece genial: son lonas de plástico, inmensas, pero a la vez se trata del mismo material que se usa para embalar y transportar bultos grandes. Y no solo se ve esto en el Ecuador, es una imagen que tiene una presencia global en el comercio. Hay una gran oportunidad de indagar sobre los diferentes empleos de este material para llegar a soluciones conceptuales. La obra “Vanity” (vanidad) en que se ve una “pagoda o pirámide” a punto de estar cubierta por una lona conjuga la arquitectura antigua con un material desechable: aquí se presenta una poética y una yuxtaposición entre un material cotidiano y la referencia a una cultura histórica que funciona para darle otro giro conceptual a la pintura.

Pero en obras como “The Watcher” (el observador) y “Joy” (gozo) la simbología de las lonas se pierde: el candelabro y la cometa no parecen estar intervenidos por ellas sino por puntitos de color que parecen ser literales, las lonas aquí se convierten en una decoración en vez de llamar la atención sobre su uso original.

En “Boredom” (aburrimiento) y “The Passenger” (el pasajero) las lonas tampoco se entienden como lonas aunque las estructuras de la cama y de la silla son llamativas. La mezcla de la arquitectura gótica con el simbolismo católico integrado en muebles de uso cotidiano les da un toque ambiguo… ¿podrían ser los muebles en el Vaticano en el dormitorio del Papa? 

No soy purista y no pido obras didácticas pero quiero perderme en la poesía y en las ideas de la propuesta. Oña tiene una facilidad con el dibujo, que es preciso y se aproxima mucho a los dibujos arquitectónicos. Las lonas podrían envolverse o intervenir más en las obras pero se quedan rezagadas al fondo. Me acuerdo de las numerosas obras en papel que hacían Christo y Jeanne Claude para financiar sus obras de arte público, las inclusión de las telas en los cuadros y mas tarde en los espacios públicos eran el propósito de la obra, su presencia no era casual.

En esta muestra de Oña se nota un potencial en su trabajo y en las ideas que maneja. Las obras que registran los diferentes estilos arquitectónicos, y la pintura “Vanity” donde la lona funciona como una envoltura, suelen ser mas concretos en su intención y mas ambiguas en su sentido. Como espectadora me quedé meditando y mirando estos cuadros con más atención e intriga.


Fotos: Rodolfo Kronfle Chambers

viernes, junio 26, 2015

Pablo Cardoso: Caudal / Galería dpm, Guayaquil





























CAUDAL

La reciente serie de Pablo Cardoso presenta un nuevo giro sobre la noción de paisaje que, como pocos, ha explorado con una inventiva excepcional. Hemos visto en los últimos quince años de su trabajo al paisaje como una plataforma desde la cual ha abordado un conjunto de reflexiones sensoriales, históricas, científicas, políticas y –crecientemente- activistas. La mirada siempre atenta al recorrido que el género ha tenido en el campo del arte, indagando a su vez sobre los impulsos detrás del afán explorador, propio o ajeno, que subyace en cada serie.

La documentación de vistas fraccionadas desde un conjunto de ríos, que aparecen como tema central en Caudal, se inicia probablemente como respuesta a un estímulo vivencial: “Todos los ríos por ahora son en el Azuay […] El único que fue escogido con toda la intención fue el primero: Sta. Bárbara. Es el río de mi niñez, de la tierra de mis abuelos y de mi padre (nacido en Sígsig), y donde murió el segundo de mis diez hermanos cuando yo era muy pequeño. Es, además, un río con mucho espesor histórico, cultural, político y ecológico. Quise empezar la serie sumergiéndome en él y fotografiándolo desde dentro.”

Es justamente aquel punto de vista inesperado (“desde dentro”) el que quiebra las convenciones del paisaje decimonónico que parecen evocar: los tonos terrosos y brochazos sueltos reminiscentes de los pintores de la Escuela Barbizon (c. 1830-1870), o la imponente fuerza y envolvente presencia con matices románticos y temperamentales que manifiestan los fenómenos naturales en Turner (1775-1851), cuyo trabajo gravitó como un ascendente para estos cuadros. Es en estas miradas desde el interior del río donde como espectadores somos presa de su mismo flujo, casi llegando a suplicar por oxígeno en un par de ellos.


  
Una vez más opera esa seductora traducción de la imagen fotográfica llevada al lienzo que parece reinventarse con un estilo visual distinto en cada exposición de Cardoso; si en otras series como su reciente Golem el trazo parece diluirse en un extremo hiperrealismo “gran angular”, en Caudal las pinceladas se evidencian en las más convencionales maneras. Pero atravesando el umbral de aquella pericia empeñada tanto en el engaño como en el guiño, a la cual nos entregamos deleitando la retina, no podemos perder de vista que este es un artista que equilibra delicadeza y cálculo. Por ello habrá que prestar atención a las lecturas subyacentes tras el primer encanto, particularmente cuando las pinturas están llamando la atención con una visualidad de apariencia tan conservadora.

No nos podemos abstraer de las implicaciones del acto ritual de la inmersión, de la dimensión espiritual ceremonial de renovación, ni del talante filosófico que deriva la observación del torrente que encierra la vieja cita que señala que “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”. Sin embargo el artista está pensando también en el empleo de los ríos como “recursos hídricos”, al servicio de esquemas que operan en el entramado del capital; de su caudal al servicio de lógicas ajenas al mundo natural, de la “fluidez” financiera que metaforizan. Parafraseando lo dicho alguna vez por Gerhrad Richter, un cuadro de Freidrich no pasa de moda, lo que ha quedado atrás y debe actualizarse son las circunstancias que le dieron vida: un marco cultural renovado por otra ideología.

Si bien la invocación de lo sublime en el mundo contemporáneo se encuentra viciada por un trillo del cual muchos artistas serios se cuidan, la forma romántica como el mundo natural se encuentra representado en estas telas lo identifica como fuente primaria de este tipo de experiencias. Varias telas en la intensidad emotiva de sus evocaciones de espacio y luz movilizan cierto asombro y recogimiento, el sentimiento de que hay algo en estos ríos que escapa la lógica, de una incomprensible trascendencia, de una profundidad afín al absoluto hegeliano…y también de su conexión inexplicable con el trauma, con la huella de eventos que dejaron marca. Estimo además que la honestidad de la obra de Cardoso nos permite –como aconsejaba Nietzsche- abandonar la racionalidad, la sospecha propia de la mirada curtida e incrédula, para arrojarnos a la inconmensurabilidad de esta experiencia sensible.

Y así nos queda una serie en la que transitamos desde el discernimiento de su cuidada concepción hasta el goce de su observación no meditada, que hay que enfatizar, se beneficia inmensamente de su percepción en vivo. Este es el primer trecho de una serie que crecerá explorando geografías más amplias y que seguramente llamará la atención sobre problemas puntuales en cada sitio, enmascarados tras la dramática belleza del entorno natural.

Rodolfo Kronfle Chambers
Guayaquil, mayo de 2015
  
























Registro fotográfico de la muestra: Rodolfo Kronfle Chambers
Imágenes obras: cortesía Pablo Cardoso