sábado, marzo 24, 2007

Ricardo Bohórquez - Panama Seat

Ricardo Bohórquez
Panama Seat
Tradicional asiento guayaquileño
(Este ensayo visual se publicó en el número de la Revista Iconos dedicada a la Regeneración Urbana de Guayaquil)

La calle Panamá, en el centro de Guayaquil, es una herida sucia en el renovado centro financiero y económico de la ciudad. Vendedores, mendigos, bodegas de cacao y café, talleres mecánicos, cámaras espías y edificios de colores falsos, como una camisa hawaiana que nos han obligado a poner, sonriendo para parecer tropicales.

Una ciudad para ver y no tocar. Una ciudad donde no hay como sentarse afuera, en el fresco, en la sombra.

Antes de que la renovación llegue a ella, busco a los sobrevivientes que viven en la calle desde su tradicional asiento-negocio-cama-living: cuidacarros, vendedores ambulantes, zapateros, bodegueros, lateros, gasfiteros esperando algún gil para sacarse unos dólares.

Hay que andar ligero, ligerito. Porque ya mismo se van. Se nos van!

Ricardo Bohórquez Gilbert
http://www.flickr.com/photos/ricardobohorquez

Banco fresco (Panamá y Junín)

Cuidacarros (Panamá y Junín)

Descanso del mecánico (T. Martínez y Panamá)

Ergonómico (Panamá y Junín)

Esquinado (Rocafuerte y Juan Montalvo)

Esquinado 27 años (Panamá y Montalvo)

Esquinas (Panamá y Juan Montalvo)

Hugo (Panamá y Junín)

Lavandería (T. Martínez y Panamá)

Parterrizado (Rocafuerte y Juan Montalvo)

Residente (T. Martinez y Panamá)

Salón de videos (Panamá y Sucre)

Silla Barcelona (Panamá y T. Martínez)

Silla comedor (Panamá y T. Martínez)

Sillas de reciclador (Panamá y Junín)

Silla Mojón (Mendiburo y Panamá)

Silla Novaloc (Panamá y Junín)

Vendedor de artículos de cuero (Panamá y Junín)

Sillón de Hugo (Panamá y Junín)

Vendedor de gafas (Panamá y Junín)

Vigilantes y Gallo (Mendiburo y Panamá)
Presentación de Revista Iconos
por Tina Zerega
Catedrática Universidad Casa Grande - Guayaquil
“Miradas críticas a la regeneración” en sus distintos artículos presenta una problemática que va más allá del programa de Ciudadanía de Aprendamos, las obras de arte contemporáneo contrarias a la Regeneración y el caso de la Metrovía que recogen sus artículos. Problemática que nos involucra a todos directa o indirectamente: la desactivación de la esfera pública en Guayaquil y “la despolitización” de los sujetos. Porque hay que pensar más allá de la idea de que hay un algo o alguien en las esferas de poder que es un culpable absoluto de nuestra anomia. Algo o alguien que como títeres inertes nos desactiva o nos despolitiza.

El impacto de los fenómenos de Regeneración Urbana en Guayaquil son brutales, desde múltiples dimensiones, ya sean éstas culturales, políticas, urbanísticas, estéticas. Sin embargo, ¿ dónde se puede hablar de esos impactos? Íconos , paradójicamente una revista quiteña, tiene como mérito reunir los silencios guayaquileños. Es interesante que sea en una revista quiteña, la que condensa una serie de opiniones que lo que hacen es transitar de forma casi inadvertida en Internet, blogs, foros pequeños, reuniones de grupos de estudios y – en el mejor de los casos – uno que otro editorial en algún diario local. Uno no quiere ser mal interpretada. Soy guayaquileña. Viví y vivo desde que recuerdo en Rumichaca y Manuel Galecio. Recuerdo las problemáticas de infraestructura de la ciudad previa a la regeneración. En mi esquina generábamos torres inmensas de basura, casi nunca recogidas. También tenía que sacar agua de mi casa cada invierno porque teníamos nuestra propia piscina personal en la que nos bañábamos todos: mis padres, vecinos, electrodomésticos. No considero que todo aquello emprendido por el Municipio es negativo e incluso me parece que el Municipio es un ente plural, donde a veces las ideas más progresistas conviven con las más fascistas y retrógradas. Y también, parafraseando al amigo y psicoanalista guayaquileño Antonio Aguirre, asumo que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro pequeño fascista dentro. Asumo también que gobernar es una tarea llena de imposibles y, por lo tanto, llena de dificultades en la que hagas lo que hagas, alguien pierde. Pero asumo también que eso no implica dejar de lado el hecho de que gobernar implica también pensar en quién es ese que pierde, qué pierde. Sin embargo, esos recuerdos y reflexiones, en mi caso, no me enceguecen. No me enceguecen frente a la privatización de los espacios públicos, el debilitamiento de la esfera pública, el autoritarismo que muchas veces impregna una parte importante de las acciones locales sobre todo en el enfrentamiento de conflictos, la ausencia de espacios de negociación y la discriminación social y estética que también conllevan los procesos de regeneración. Pero uno siente que la ciudad entera quisiera enceguecerse. “¿ Recuerdas cómo era antes?” “ Pero si nos han devuelto la ciudad…” es lo que aflora frente a cualquiera de las críticas que hago/hacemos en los espacios públicos y privados sobre ciertas ideas y concepciones de la regeneración. Esa frase, casi un lugar común frente a cualquier crítica a la regeneración, debería permitirnos generar otras preguntas ¿ a quién se la quitaron para devolvérnosla? ¿ Nos han “devuelto” esa ciudad “sin condiciones”, como dirían los más románticos boleros? Desde mi perspectiva y balances, parece que nos han “devuelto” esta ciudad con una condición: la condición de vivirla como un museo, como un centro comercial. Hay que mirar y no tocar. Hay que pasear. Hay que consumir. Porque la ciudad ( o parte de ésta) ya casi nos pertenece por fuera de esas acciones, como dan cuenta estos artículos. No nos la han “devuelto” para disentir, reclamar, negociar. Pero en todos los espacios desde mediáticos hasta privados, en las entrevistas en los medios y en las salas de Guayaquil, siempre se nos recuerda que criticar aspectos de la Regeneración es criticar toda la labor municipal. Que si no estás completamente a favor de la Regeneración, entonces estás contra ella, contra la ciudad entera, contra el progreso. Con algunos colegas podríamos hacer una pequeña colección de adjetivos con los que se nos nombra: “contreras”, “amargados”, “anti progreso”, “comunistas” ( sí, esta palabra también es parte de los insultos) , “regionalistas” y “resentidos” son adjetivos que se utilizan para la deslegitimación de cualquier crítica.

En todo caso, estos artículos nos permiten pensar que el poder local ha creado una serie de acciones, represiones, controles, enseñanzas que contribuyen a la disminución de la politicidad ciudadana. Todo eso es cierto. Sin embargo también es sencillo pensar que existe un poder que reprime, que ese poder es completo y omnipotente y que no somos co-partícipes de ese poder. Uno podría pensar que la Municipalidad y una parte importante de los medios han contribuido a la desactivación de la expresión pública. Por otra parte también me pregunto si alguna vez Guayaquil tuvo una ciudadanía activa, más allá de la mítica frase “madera de guerrero” y de las definiciones problemáticas que esos términos ( ciudadanía y activa) significan. Uno se pregunta cuándo se dio esa ciudadanía y cómo y qué la debilitó históricamente. Casualmente ahora, en una exploración sobre el tema de la paternidad en sectores de clase media baja para un nuevo programa de Aprendamos sobre Adolescencia, en los grupos focales con jóvenes se repetía una frase con frecuencia en torno a las posturas asumidas frente a los conflictos con padres o madres: “ más gano callado”. Dicen “ganar más callados” frente a los conflictos, las falsas acusaciones, los argumentos débiles de sus padres o de la autoridad. Ganar más significa evadir la represión, pero también ese “ganar” significa para ellos perder menos tiempo en algo que no lo llevará a nada. Me pregunto si no es una forma de subjetividad que replicamos como ciudadanos después: más ganamos callados frente a la regeneración y las normativas del poder local, más ganamos callados frente a las representaciones estereotipadas mediáticas, las reglamentaciones estéticas y conductuales. Así es mi papá, así es Nebot, así es la Junta Cívica. Así “es”. Y los ciudadanos replicamos esta actitud infantil-adolescente en nuestra ciudadanía y pensamos que ganamos más callados. En todo caso, estas ideas alrededor de la paternidad en Guayaquil, nos permitirían problematizar y reflexionar después sobre las configuraciones de la ciudadanía local y por qué pensamos todos que “ganamos más callados”. En nuestro caso es un “incómodamente callados” que deriva en otras tácticas como las de las redes virtuales, las conversaciones al interior de grupos o las expresiones artísticas. O es un “cómodamente callados” que es más bien cómplice del mercado que nos “ha/hemos” convertido en consumidores, más que en ciudadanos. Porque en el caso de la regeneración y de los medios, parece que el consumir “correctamente” esos espacios es considerado una forma de ciudadanía.

Me pregunto cuándo en Guayaquil el ejercicio de la crítica sobre las políticas locales dejó de leerse como opinión pública o como construcción de esfera pública y empezó a leerse como amenaza. Cuando las diferencias y la diversidad de opiniones empezó a leerse como amenaza. Cuando la idea de esfera pública se configuró alrededor de la idea de homogeneidad de pensamiento. Todos debemos pensar iguales. Es una amenaza pensar distinto, aunque sea un poco distinto. Cuando – en términos generales – los medios decidieron que para ese tipo de crítica no tenían espacio ( o lo tenían muy poco). Cuando las universidades locales prácticamente nos desvinculamos de los procesos de opinión pública. Cuando estas opiniones se transformaron en conversaciones apasionadas en pequeños foros reales o virtuales o con mayor suerte en obras de arte contemporáneo de las que muy pocas veces “se dice algo” fuera de los foros especializados . Cuando estas conversaciones decidieron encerrarse en una sala de una casa, en un pequeño café, porque aquí , en Guayaquil, solo se puede salir a pasear. Y decir lo lindo que es el paseo. Somos ( me incluyo) cómplices de este callar, aunque no otorguemos. Pero por otro lado callar o decir débilmente también es otorgar. Y si no deseas callar ¿ dónde lo dices? Y, más complicado aún, si no deseas callar, ¿hay alguien dispuesto a escuchar, por fuera de los adjetivos? ¿ más allá de los mismos de siempre, reunidos alrededor de esta mesa? Porque todos estamos de acuerdo, que callados no se gana nada.

2 comentarios:

  1. cada cual se sienta donde puede... muy muy bueno...

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  2. A grandes rasgos se parece al trabajo de un artista cuencano, Fernando Falconí, de Cuenca.

    El link: http://perso.gratisweb.com/postalesocpm/

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