lunes, febrero 21, 2011

Dos visiones del Salón de Julio: Adrienne Samos / Santiago Rueda

Se acaban de editar los catálogos de las ediciones 50 y 51 del Salón de Julio. En estos aparecen las siguientes contribuciones:

Por Adrienne Samos (miembro del jurado en el 2010)

bajar catálogo Salón 51 aquí

Por Santiago Rueda (miembro del jurado en el 2009) 

bajar catálogo Salón 50 aquí

1 comentario:

  1. La referencia de Samos a los artistas como "peones" me puso a pensar por algunos días, y no quería dejar de comentarlo.
    Cada vez me pregunto mas por lo indispensable, es un tema de economía en varios sentidos (quizás de nuevas economías), y resulta claro señalar que los artistas y los espectadores son los únicos agentes imprescindibles en el ecosistema del arte. Para entenderlo, y por meros motivos ilustrativos, quizás podemos proyectar un escenario post-apocalíptico en que galerías y museos desaparecieran, y sus mediadores (nunca convocados) estuvieran algo ocupados curando sus heridas y sin escritorios en los cuales desarrollar sus antiguas actividades diarias. No por ello la producción artística se detendría ni "el arte" dejaría de ser una practica humana constante.
    Excluyendo a artistas y públicos, los otros participantes de este ecosistema: historiadores, críticos, galeristas, curadores, promotores culturales, e incluso las instituciones culturales son todos prescindibles. Lo que le falta a los artistas es tiempo para desarrollar con mas constancia estos otros roles. Estos otros participantes del ecosistema artístico están allí (repetidamente de manera antojadiza) para que los artistas tengan tiempo para trabajar. Aunque no lo sepan trabajan para los artistas y el publico mas que para una categoría abstracta como "El Arte" y discursos académicos. Si dirigen algo es esencialmente por el poder que es posible ejercer desde las instituciones a las que representan o se encuentran ligados, o por manejar medios de distribución y legitimación variados.
    Curiosos peones los artistas que tienen a tanta gente alrededor trabajando para que ellos tengan tiempo, un poco mas de tiempo para encontrarse con sus prácticas.
    Especialmente desde los 60s es evidente que los artistas (cuando tienen tiempo) pueden ser teorizantes, mediadores, y organizadores de categorías del conocimiento, de manera tan lúcida que -al menos a mí- textos de LeWitt, Judd, Smithson, o Warhol me han dado pistas mas agudas y certeras de su tiempo que Lucy Lippard.
    Aun no hemos roto del todo el viejo molde capitalista de la división del trabajo porque aunque las prácticas artísticas contemporáneas y sus practicionistas se articulan en un tramado complejo donde las antiguas y nuevas categorías se entrecruzan, como decía antes, es un asunto de tiempo disponible (mas que dinero) el que limita el campo de acción.

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