viernes, mayo 06, 2011

Manuel Kingman - ¿Está usted de acuerdo?






























Intervención urbana mostrada en el contexto de la Consulta Popular 2011. Las preguntas fueron hechas a partir de la mezcla de dos elementos: por un lado se utilizó la frase recurrente en las diez preguntas de la Consulta: ¿Está usted de acuerdo? y por otro se utilizaron textos relativos a la patria y a la revolución, estos textos fueron transcritos de manera literal de la propaganda oficial de Alianza Pais, específicamente de sus canciones.


Agradecimientos: Susana Anda, Fernanda Andrade, Adrián Balseca, Jaime Sánchez.

Manuel Kingman, 2011


PUTA PATRIA, CON INFINITO AMOR

Por X. Andrade

Mediante la economía de recursos que Manuel Kingman ha usado para el proyecto “¿Está usted de acuerdo? aprecio un comentario artístico punzante, bienvenido precisamente a la hora en que se aproxima la, así llamada, "consulta popular" de mayo 7 de 2011.  De hecho, su lanzamiento no podría haber sido más preciso, justamente en la semana final de una competencia electoral marcada por su naturaleza artificiosa.  Usada como parte del modus operandi de un gobierno que usa las elecciones periódicamente como estrategia para ampliar su poder sobre los aparatos del Estado y la sociedad civil, esta intervención urbana de Kingman interfiere en el circuito regular de un flujo desigual de información que los distintos partidos y movimientos han lanzado desde meses atrás. 

Este proyecto hace uso de frases inscritas en estrofas de canciones del partido oficial acoplándolas a la formulación original de las preguntas que son objeto de la consulta, de ahí deriva el nombre del conjunto de intervenciones dispersas que Kingman hiciera en el espacio público en Quito.  Así, los afiches que lo componen se nutren de aquellos discursos que apelan directamente a la afiliación emocional mediante una serie de abstracciones relativas al amor patrio y la revolución, mismas que son perfomadas, en tanto cánticos, solamente para dar cuenta pública no de alguna racionalidad sino más bien de un acto pop de fe:  las canciones de un partido político durante una campaña política son propias de un lenguaje político que demanda, a su vez, un karaoke político. 

La efectividad de este proyecto radica, pues, en usar el lenguaje dominante de la campaña oficial intervenido mediante la apropiación de la cursilería devocional de sus productores culturales y partidarios. Los afiches así creados, sugieren cumplir una función a la manera de subtítulos para karaoke, remarcando el carácter circense del ambiente del momento, y de la política como tradición histórica en el país.  Este recurso es particularmente crítico si se considera que entre la banalidad del poder generado por este régimen se destaca el papel de la música como parte de sus rituales endogámicos y públicos.  En el territorio blanco y negro de fervorosas afiliaciones, del sí o el no, resta solamente la devoción y las repeticiones mecánicas de consignas tan retóricas como el discurso que ha rodeado a esta campaña.  La sutileza en la formulación de las preguntas que lanza Kingman a los paseantes, al mismo tiempo, las mimetiza perfectamente con algo que resembla sarcásticamente el tono de una campaña oficialista. 

Pregunta: ¿Está usted de acuerdo en que la patria esté llena de manos limpias, mentes lúcidas y corazones valientes?  Sí.  Pregunta: ¿Está usted de acuerdo con que los vientos de una patria nueva recorren el país?  Sí.  Pregunta:  ¿Está usted de acuerdo en que juntos cantemos a la patria bella y grande? Sí.  Pregunta: ¿Está usted de acuerdo con que la patria esté sobre todo?  Sí.  Pregunta:  ¿Está usted de acuerdo con que la revolución esté en marcha?  Sí.  Pregunta:  ¿Está usted de acuerdo en volver a tener patria?  Sí.  Pregunta:  ¿Está usted de acuerdo con que somos revolución ciudadana?  Sí.  De acuerdo, Kingman, de acuerdo. 

Sobrepasado por la risa me queda la última pregunta:  ¿Está usted de acuerdo?  En la naturaleza repetitiva de los lugares comunes del discurso oficial sobre la patria, y, en la propia reiteración de este cuestionario se encuentra una parodia perfecta sobre una consulta electoral que va desde los derechos de los gallos (distintos a los de los toros, favor no confundir) hasta la vigilancia de los medios masivos, pasando por una nueva coaptación de la justicia por la política –como si alguna vez no lo hubiera estado, y como si algún día fuera a dejar de estarlo.  De hecho, estas preguntas bien pudieron ser escritas por –quizás hasta apropiadas por, dada la sordidez de los mismos-- ideólogos, fanáticos y partidarios por igual.  No cabe duda, habrá gente que se halle convencida de que ésta es la joya de la corona de las genialidades comunicacionales del propio gobierno. Me temo que eso sería considerarlos demasiado preclaros y sintonizados con el arte contemporáneo, un arte que resulta contaminante a sus reificaciones telúrico-indigenistas. 

Por otro lado, la absurda poética del infinito amor patriotero que estas preguntas encierra, funciona también para comentar sobre el vacío del imaginario de la oposición al régimen, mismo que deberá estar también infinitamente agradecido por ello.  Burros hablando de orejas a la hora de discutir la politización de la justicia, embusteros al tiempo de vender al país a los intereses corporativos y foráneos, valientes de tarima y guayabera despelucada, testaferros mediáticos.  En suma, anteriores presidentes, delfines eternos, y oportunistas diversos, tan nulos para producir conocimiento sobre política, tan prestos para su propio sainete.  Si nadie les cree, entonces, parece sugerir Kingman, porqué no formular preguntas de esta altura y naturaleza.

Para volver sobre la economía de recursos en este proyecto, en sí misma una crítica al despilfarro electorero de “la” campaña:  estratégicamente, las preguntas de Kingman no están inscritas en el manido lenguaje del grafiti, tan coaptado por la propia política, sino que más bien resemblan el de la publicidad barata, tan barato como la propia política.  Simples papeles en blanco y negro cuales papeletas de votación, ¿sí o no?

1 comentario:

  1. Se puede creer que todo político u organización política "inspira" , hace fluir más política a sus críticos-artista . Juzgando lo panfletario de la propuesta gubernamental , como es la consulta. Se rebozar más de lo mismo, preguntas absurdas que la gente común las ve sin importancia alguna, (porque no las comprende y ni les interesa saber) preguntas con respuesta que "burlan" (¿a quié?) y no educan ( ¿Y quién quiere educarse, adecuadamente? y ¿qué será lo adecuado?)
    Arte que critica y critica no hace mal ni bien tampoco , solo se muestra como la política de siempre.
    Simple punto de vista nada panfletaria.

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