sábado, septiembre 03, 2011

Lalimpia: balance de una década

Artículo de Rodolfo Kronfle Chambers
para la Revista Mundo Diners - Edición de Agosto 2011



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Lalimpia
balance de una década
Por Rodolfo Kronfle Chambers

¿Lalimpia?...me suena, ¿no son los que cantaban “vuelavuela”?
Óscar Santillán

Para la escena cultural guayaquileña la agrupación de artistas visuales conocidos como Lalimpia tiene en la década pasada un impacto comparable al que generó La Artefactoría en la década de los ochenta: un grupo de talentosos jóvenes agremiados con el propósito de renovar el relamido, complaciente y estanco campo artístico. El nombre, como señala Jorge Aycart, “remite a la limpia shamánica, a un rito purificador.”

Pero las similitudes terminan ahí. Salvo alguna anecdótica excepción los miembros de La Artefactoría no produjeron obras como colectivo, más bien exponían juntos su obra individual. Los de Lalimpia en cambio privilegiaron desde sus inicios un proceso de creación compartida, donde las ideas eran tamizadas en conjunto a partir de discusiones en las que eventualmente se perdía el rastro de quién había dado el puntapié inicial. En ese sentido Fernando Falconí comenta que “aparte de estos preceptos tan elevados de cambiar [la escena], había una intención más bien individual de sacar proyectos que para nosotros eran necesarios en ese momento pero que por cuestiones de tiempo, dinero y logística eran imposibles llevarlos a cabo como individuos, era una necesidad de asociación práctica para generar este tipo de ideas y de obras, en la que la autoría obviamente se perdía a favor del colectivo.”

Estos rasgos podrían verse como una manifestación de la marcada filiación de izquierda que profesaba, con muy diversos matices, la mayoría sus integrantes. Así, las obras que, trabajadas en este “taller de ideas”, oscilaron desde un tenor militante-utópico hasta lo irónico-poético, pueden en cierto modo reflejar los instantes de coincidencia entre sus diferencias.

La producción que han logrado, dada esta dinámica, es escasa pero espesa. Suficiente como para considerarla parte medular del arte contemporáneo en el Ecuador, aquella producción que emergió decididamente en los albores del nuevo siglo en el país y que se consolidó durante la década pasada, luchando a brazo partido contra la rancia y conservadora institucionalidad local.
 
Los artistas que iniciaron esta experiencia se aglutinaron gracias a una exposición de jóvenes organizada por Hernán Zúñiga en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas en el año 2001. Participando en esta muestra titulada Santos Inocentes se encontraban, entre otros, Stéfano Rubira e Ilich Castillo, que procedían de la Escuela de Bellas Artes; Falconí y Óscar Santillán que estudiaban en la Espol, y Aycart. Una convocatoria de becas en el Jefferson College los vincularía poco después con Ricardo Coello, Félix Rodríguez y Manuel Palacios. Quedó conformado de esta forma el grupo que por motivos diversos se fue desgranando con el tiempo. Desde los inicios Lalimpia contó, además, con una “madrina paralela”, como describe Santillán a Pilar Estrada, conocida gestora guayaquileña que colaboró y medió permanentemente en las discusiones, así como en la producción. Los miembros de la plantilla oscilaban entre los 20 y los 24 años de edad.

Otras formas de arte crítico

La primera muestra en que el colectivo se toma en serio a sí mismo se da en la Galería Madelleine Hollaender de Guayaquil, en 2003. La exposición articulaba una deriva creativa que, sintonizada con los tiempos post 9/11, solo podía ser definida como terrorista. En esta fraguaron un plan para dinamitar la Casa de la Cultura, única vía posible para lidiar con el caduco estado de la institución. Tras la destrucción subyacía, sin embargo, un impulso utópico, un nuevo comienzo, algo que metafóricamente se ilustraba en una pequeña plumilla que ilustraba una casa en un árbol y una diminuta semilla inscrita con la fórmula química del TNT.
 
 
Esta vertiente, tanto de crítica a la institución Arte como de crítica a las instituciones rectoras de la cultura local, sería uno de los dos ejes dominantes en su trabajo. El otro, a veces superpuesto al primero, la revisión de relatos históricos e identitarios con que se ha forjado desde el poder nuestra idea de nación. La perspectiva podía aludir al lejano pasado como al presente inmediato, pero siempre en un estrecho diálogo con aspectos conflictivos del contexto local.

Así, por ejemplo, la regeneración urbana desarrollada a toda máquina en Guayaquil fue un tema que abordaron directa o tangencialmente en algunas obras, como la que les valió el Premio Paris para jóvenes creadores de la VIII Bienal de Cuenca (2004). En aquella instalación recubrieron el piso de un corredor del Museo de Arte Moderno de Cuenca con piezas de resina acrílica transparente, en un simulacro del ubicuo adoquinamiento con que se tapizó el Puerto principal. Pero la transparencia del material y la retro-iluminación dejaban ver, además, un ejército de grillos “congelados”, un señalamiento que cuestionaba la priorización del gasto en la gestión municipal y al efecto “maquillaje” del mismo. 
 
 
Es curioso ver en retrospectiva cómo la masiva producción de obras de arte de aquel período que articulaban filos críticos hacia la regeneración urbana en el Puerto anticipó el discurso electoral que luego emplearía el socialismo del siglo XXI. Todas aquellas obras se gestaron -y esto es meritorio- a pesar de las acciones que para contrarrestarlas emprendieron las instituciones culturales locales, y a contrapelo del aplauso generalizado de la llamada opinión pública. Estas voces de los artistas se presentaban como reclamos minoritarios y aislados en medio de lo que se era un engañoso consenso social respecto al tema, demostrado posteriormente con la elección de Rafael Correa a la presidencia. Pero en aquel entonces “lo mínimo era el estigma de ser estúpido”, como rememora Coello.
 
La oportunidad que les da la Galería dpm ese mismo año, inédita para un grupo aún de curriculum incipiente dentro de un espacio donde solo se exponían artistas establecidos, fue aprovechada al máximo. El tiempo concedido fue capitalizado en tres muestras distintas; inauguraron una por semana, presentando laboriosas y simbólicamente complejas instalaciones. En In urbi naturam recubrieron la totalidad del piso de la galería con césped real. En la siguiente muestra, Otros Bosques, apuntalaron con caña guadúa recubierta de cemento el tumbado de la galería. Era clara la obsesión por no tocar las paredes. A partir de ese momento no quedaba duda de que estos chicos iban en serio.
 
Al año siguiente la constelación de Lalimpia brillaría por sus individualidades: en el más recordado Salón de Julio de la década pasada, Castillo y Santillán ganarían el primer y segundo premio respectivamente, Falconí se haría de una de las menciones de honor. En el 2006 Rodríguez obtuvo el galardón máximo en el mismo certamen. Se suceden a partir de ahí una serie de invitaciones a eventos de carácter internacional como Curare en Quito, para el cual comisionaron una serie de objetos producidos por diversos tipos de artesanos, quienes representaron con total libertad los sueños que tuvieron varios de los artistas participantes luego de haber dormido en el Museo de la Ciudad. La obra, a más de posibilitar una revaloración de saberes populares y una indagación de identidades locales, propiciaba otra vuelta de tuerca sobre la sospecha inherente a nociones como museo, obra y autor.
 
Giros

Los trabajos producidos como parte de los procesos personales de sus integrantes guardaban estrecha relación con las líneas discursivas que planteaban como colectivo. En sus obras se invocaban determinados episodios e imaginarios históricos como el movimiento subversivo Alfaro Vive, la figura de Pancho Jaime, la masacre en que devino la marcha de obreros de 1922, el ferrocarril y otras alusiones a la Revolución Liberal. Además, articularon visiones críticas hacia la gestión de la alcaldía, como la represión a los trabajadores informales, la limpieza sociológica de las nuevas áreas controladas y las políticas medioambientales.
 
Es por esta coincidencia ideológica que la Lalimpia se convierte en el “ala artística de la Ruptura de los 25”. Igual de jóvenes y con similar impulso por un cambio en la política ecuatoriana, un par de sus integrantes –Rubira y Santillán- llegaron inclusive a involucrarse de manera muy activa. La línea entre el arte crítico y la participación directa en la arena política se diluyó.
 
En este nuevo escenario se debe haber dificultado contradecir al poder recién inaugurado. Reconocen que no hubo cabida para la reflexión sobre el entorno inmediato, el grupo apenas produjo unas pocas obras más, empleando lenguajes más sugerentes, discursivamente más abstractos, uno de ellos al borde de la poesía, como es el caso de Prolongación (2007), una de las más bellas e impactantes instalaciones producidas en el país. Se trataba de una interminable manguera que, como un trazo de dibujo en el aire, se enroscaba caprichosamente por todo el espacio expositivo. Entre la maraña se divisaba eventualmente su origen: una vieja bomba dispensadora de gasolina.

La obra, presentada originalmente en la IX Bienal de Cuenca y más tarde en la X Bienal de la Habana, constituye sin duda el punto más alto de refinamiento y de sofisticación al que llegó el grupo. Obras de similar catadura, como la fotografía Sacos de Carbón (2008), que muestra a una llama andina “tuneada” con su pelaje trasquilado en forma de lenguas de fuego, o el proyecto Puesto de Control (2008) que involucraba la instalación de un guinguiringongo monumental, atravesado sobre la línea fronteriza entre Ecuador y Perú, abordan, desde el absurdo, de una manera sublimada pero inquietante, temas de identidad, historia y política.
 
A partir de aquellas obras, lastimosamente, se inaugura una etapa de silencio. Parece que luego de la revolución vino el suelazo, y los de Lalimpia lo experimentaron aún antes que los de la misma Ruptura. Falconí se pregunta ahora: “dada la política cultural patrimonialista del gobierno, de reivindicación de los ancestros y nacionalista, ¿qué hubiera pasado con el colectivo si realmente hubiese sido el brazo estético de un régimen como este?”.

Ante la insistencia de mi curiosidad sobre la viabilidad del proyecto Lalimpia, considerando las inquietudes que han reorientado el interés creativo y vivencial de cada quien, Rubira reconoce que “el contexto cambió con el nuevo Gobierno”, y el grupo de los que quedaron siente que los temas se “agotaron” y por ello Lalimpia no encuentra en la actualidad una razón de ser. Aunque el estado vegetativo es evidente ninguno de los que quedan –Coello, Falconí, Rubira y Santillán- se precipita a decretar la muerte del colectivo. Venga lo que venga lo que lograron en aquella década clave les reserva sin duda un capítulo en la historia del arte local.

3 comentarios:

  1. Y desde cuando hablan ingles en la urbe, su calendario de sueños, el arte contemporáneo se apropia de obras ajenas, o lo pueden dar haciendo, que mal verdad? en que a cambiado su revelación critica? comprendo el proceso, pero en realidad mueve los sentidos estas obras? el discurso es mas valioso que la propia obra de arte? tiene algún encanto, demagogia para brincarse del buen oficio, y acaso estas obras no es una represión a lo otro, al talento y calidad? las palabras suena lindo, pero hay pintores que trabajan distinto, mas que nada buscan originalidad, no será la ala discursiva de leer libros, de enterarse de las bombas mundiales de artistas fabricados por críticos publicistas, no por el pueblo, lenguajes copiados, que bella la manguera, como los millares caldos de manguera que consume el pueblo, solo que esta es una manguera negra, dispensadora de gasolina, el caldo de manguera provee gasolina también para sobrevivir, buen arte se encuentra en las ollas de nuestras vendedoras de comida, y vale que pases por una ferretería allí hay manguera lista para inaugurar, solo que no hizo un feliz artista, estoy siendo testigo de lo que ya vi en otros países hace rato, el llamado éxito sacando el jugo de instituciones llenas de políticos, puestos a dedo como lo de la Bienal de Cuenca, aprobando cualquier cosa como arte, sensacionalismo, murmuraciones, gente que se presta para envolvernos, para anunciar y decirnos que estamos al frente de una genial obra, sin serlo, para que se nos caiga el pensamiento, personalmente creo que hay artistas muy buenos en la clandenistidad, no creo en el supuesto éxito, en arte no hay escuela que seguir, estoy cansado exhausto ya de creer y ver como nos predican el arte, ahora, las mujeres que se ponen un arete en la vagina debe ser arte, hay lavadores de cerebro también, ya no importa si hay talento o no, el arte actual esta soleado para mi, ya con su nombre hecho de la forma que fuera, vale la pena que muestren sus verdaderas obras, las instituciones algo han hecho, pero los llamados artistas, se han empeñado en engatusar a todos con la urgente teoría, con sus seudo-interpretaciones que en la realidad no muerden el espíritu humano, a donde ha llegado lo descartable, de todo hay, pero mas especulación y habladuría, objetos muertos y sin dueño, no se que derribaron, de que se jactan, la Bienal de la Habana solo tiene nombre Wifredo Lam, el genial maestro, Cuba Anti-Americana, muestra estas corrientes que tiene otro origen, y un poco de adefesios, pasar por dicha bienal, es encontrar mejor arte en el techo de las instituciones, tiene mas valides, digan lo que digan es algo ya prefabricado, ya se molió en otras partes, pero acomodados a temas nacionales, estas son sus guaridas, se han dejado tragar por los genios manipuladores en el mundo. estrellas de papel, lo de Correa tratando de reivindicar el pasado, me parece mas interesante que ver esto, remedo de instalaciones trabajos accidentales que empanó el buen arte, no comparto con las ideas del Ministerio de Cultura, nos quieren enfilar a pensar como ellos, el pensamiento independiente no sirve, digo del pensamiento, no del supuesto pensamiento.

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  2. Tanta verborrajia confusa y sin apotar ningun argumento enriquecedor(del que hace el comentario), creo que los artistas contemporaneos como los del colectivo Lalimpia aportan con propuestas e ideas renovadoras a la escena artistica nacional que necesitaba de un nuevo enfoque para re-leer lo ya realizado y para asumir con nuevas posturas los nuevos tiempos, y así como ellos hay muchos artistas que intentamos hacerlo a traves de diferentes medios y tecnicas, no se trata de inventar nada simplemente de releer y reinterpretar lo conocido desde un contexto actual, ver donde otros no logran ver ó sacar a la luz lo que ha estado oculto sobre todo para algunos artistas que pintan "bonito" y con "buen oficio".

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  3. Muy bien amigos. Alguna vez visité su taller en el cerro! Mucho potencial y fondo. Dos observaciones:

    1. Un colectivo tan politico no puede ser tan masculino. No por un tema de "cuotas" sino por la apertura de modelos de representación (esto lo digo por la foto en blanco negro de ustedes que es también parte de la concepción autorial y lo que se presenta de ustedes como colectivo).

    2. Porfa internacionalícense más! La crítica que ustedes realizan es muy importante que se conozca!

    Felicidades por 10 años de reflexionar y ayudar a reflexionar a los demas a partir del arte y el posicionamiento urbano.

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