miércoles, mayo 07, 2008

Pablo Cardoso - Nowhere - CIFO, Miami

Obra participante en la muestra:

Interrogating Systems:
CIFO 2008 Grants and Commissions Exhibition

April 25 - June 22, 2008

Más información en:
http://www.cifo.org/interrogating-systems-p73.html



















El proyecto Nowhere comprende la selección de un grupo de caminos de tercer orden que en una primera instancia son escogidos, explorados y “fotografiados” mediante Google Earth en distintos puntos de la geografía ecuatoriana; estos caminos son seleccionados más bien por razones de orden formal o estético y no tienen especial significado simbólico ni estratégico.

La siguiente etapa consiste en viajar hasta esos lugares para transitarlos y fotografiarlos desde la perspectiva del paseante.

Finalmente, las imágenes obtenidas, tanto de las vistas aéreas como de los recorridos por tierra, son pintadas copiando idénticamente su aspecto fotográfico.

Como resultado tenemos dos conjuntos contrastados de imágenes en los que por un lado se observa el trazado de las vías visto por la cámara satelital, y por otro un grupo de imágenes que contienen los detalles, los paisajes, la atmósfera, la luz, en otras palabras, la fisonomía del camino percibida desde una mirada individual y subjetiva.

Este es un proyecto que expresa mi escepticismo en cuanto a la realidad circundante y a las maneras de comprenderla. Me interesa resaltar la delgada línea que divide la realidad de la ficción, el documento de la invención, así como también proponer la subjetividad como opción personal más fiable para asumir la interpretación de dicha realidad.

El título escogido, Nowhere, no sólo se refiere a la relativa insignificancia y anonimato de los caminos escogidos, sino al estado inmaterial, sin lugar, de la mirada.

La pintura cumple un papel fundamental en este ejercicio de expresar mis dudas, pues transforma la documentación fotográfica en realidad ficticia. Los recorridos por estos parajes son finalmente metáforas de un tránsito interior que se acciona en el gesto de copiar a mano lo que la cámara ha capturado.


Pablo Cardoso

Roberto Noboa - Galería Mirador

Ejercicios para perder el miedo
Tenista vikinga
Problemas del éxito y dos monos malditos
Cancha y gallinas
Cancha
El día del susto (la huida)
Movimiento completo, adidas negros
Adidas negros
Mira que si te quise fue por el pelo
1 alfombra y 2 hachas vikingas
Ejercicios para perder el miedo II
Eguill, guarda la red!
Cancha, gallinas y troncos
Gran estadio
La mañana siguiente (trofeo)
Roberto Noboa
Galería Mirador – Mayo 2008

Duro oficio el de outsider…Noboa como “freak”

Desde el comienzo de su carrera a Roberto Noboa le tocó lidiar con condiciones adversas a la recepción de su trabajo. A mediados de los noventa su pintura se percibía como un lunar rebosante de desagrado en la piel amanerada y complaciente del arte guayaquileño: en el plano comercial, en el de la reacción del público y me arriesgaría a decir que hasta en el de las instituciones, ya que a pesar de que le abrieron sus puertas me parece que no abandonaron el escepticismo hacia su trabajo.

Más recientemente, luego de que los cismas y cambios producidos en nuestra escena a partir de los comienzos del nuevo siglo propiciaran (en teoría) la inclusión, comprensión y relativa aceptación de otros paradigmas en el arte, resulta que la ubicación de la práctica de Noboa sigue siendo un tanto incómoda por la falta de conexión entre esta y lo que se instauró como la corriente más dominante y saliente en el medio. En este tiempo la producción local se sintonizó en gran medida con lo que venía sucediendo particularmente en Latinoamérica: todo un espectro de propuestas que encerraban aires de contestación, reclamo, conciencia y activismo, por lo general paralelo al avance de agendas sociales. A fin de cuentas se trataba de una producción con explícita vocación de comentar la realidad circundante y la esfera política.

Noboa no se adaptó, sino que siguió explorando su incómoda opción, que no dejaba de incorporar –a ratos- lo que a mi juicio han sido ácidos comentarios, los cuales por falta de una audacia interpretativa no han sido articulados en todas sus posibles dimensiones. Su pintura, aunque igual entabla contrapunteos con la realidad, obedece más a una naturaleza de orden sugerente que de representación taxativa, donde se propone la ambigüedad como un valor; en la misma se han incorporado muy variados registros culturales lo cual ha desubicado a más de uno en la tarea de extraer sentido. Creo que algunas de sus obras se perfuman con un aire de ironía, pero no de la que transita por el lado del curtido sarcasmo del individuo que señala presumido la estupidez humana, sino más bien de la que bordea los caminos del chiste privado, la pequeña burla de quien se sonríe solito sin revelar por completo el sentido de la mofa. Una actitud iconoclasta que no se toma en serio a sí misma.

Hasta aquí su producción puede ser vista como una campaña de excentricidad iconográfica, atravesada por un eclecticismo estilístico de inestable variedad formal: desde superficies con gruesos impastos hasta delicados o torpes dibujos, y desde coqueteos con el bad painting hasta las más cuidadas formas de su obra reciente. A juzgar por su trabajo desde que aparecen imaginarios ligados al tenis parece que se acentúan en él estrategias de “defamiliarización” de lo común u habitual, las cuales producen desplazamientos semánticos que impiden o distorsionan la lectura corrida de los símbolos, por ende invitando a la deducción metafórica.

Noboa comparte mucho con ciertas vertientes de la pintura contemporánea, caracterizadas por el sentimiento de extrañeza que despiertan sus imágenes, el inacabado acabado de su factura, la irregularidad de estilo y la disonancia visual, una técnica despreocupada de la cual se desprende un sentimiento de libre exploración, embalado todo en un dejo de total quemeimportismo hacia las consideraciones de “buen gusto”. Estamos hablando de un tipo de pintura que profesa una fascinación por la imagen en sí, cosa que incluso rebasa a ratos el interés “temático”. Prácticas que se afincan en la imagen fotográfica de diversas fuentes como el origen de sus repertorios pero que no requieren aparentar provenir de una cámara, sino más bien solazarse en su aspecto pictórico como una manera de internalizar el aturdidor ataque de lo visual al que estamos expuestos, de contestar su embate, o de fisurar su engañosa inocencia.

A pesar de que su trabajo se emparenta con líneas de producción presentes en varios circuitos, y que en centros urbanos con sistemas culturales mas amplios y desarrollados convive junto a otras perspectivas de abordaje artístico, el precario sistema cultural local fue insuficiente para alentar e inscribir a un “fenómeno” inusual como él. A esto se suma las limitaciones de un público que no logra situar sus coordenadas dentro de la matriz de referencias artísticas y culturales en que los pintores están inmersos hoy en día, especialmente los nacidos a partir de los años setenta.

Tal vez el problema que ha venido afrontando Noboa en el Ecuador sea un problema de expectativas. Un problema que reside en lo que se espera de un arte “ecuatoriano”, un arte que provenga de este país, que surja de sus entrañas. Porque el gran contexto no explica categóricamente su práctica, no lo ilumina claramente ni lo llena de evidencias, sino que es reflejado –tal vez y a lo mejor- de maneras tangenciales, desde sesgos más íntimos, mirando desde ángulos oblicuos los oscuros y retorcidos pliegues que encuentra en lo real. En este sentido el artista tiene el carácter de un “freak”, un raro, un practicante que no encaja, y esta dificultad de ponerlo en diálogo con sus colegas le ha costado un reconocimiento mayor. Aletea solo, sin viento de cola.

Su estatus “pelucón” (este es después de todo un ensayo escrito por alguien que encuentra un gozo casi mórbido en los estereotipos) lejos de haberlo ayudado creo que empeoró esta situación. ¿Cuánto nos gusta la imagen del artista desprovisto cuya inclinación creativa creemos resulta más honesta y sentida si nace en un clima de necesidad material? Como nos gratifica ver que alguien desde abajo se enrumbe hacia una cúspide reflejando la forma más llana y simple de entender el sacrificio: el que no tiene nada y lo conquista todo. Nos encanta creer que descubrimos un diamante entre el carbón y no caemos en cuenta de que esta vez se pudo haber configurado un extraño prejuicio que levanta suspicacias y escepticismo: que poca confianza queremos depositar en el talento de quien pensamos no requiere el apoyo de nuestra atención. ¿Por otro lado, cuánto alimenta la obra de algunos artistas lo que se construye en torno a su mitología personal? Definitivamente el sosiego de Noboa como individuo y la ausencia de poses con que se presenta no ayuda para tal efecto, su obra –por suerte- no se puede llenar de aire caliente.

No me interesa que estas líneas suenen a una validación temprana de un artista que recién estaría llegando a la mitad de su carrera…o menos…solo quiero llamar la atención a este que es un hecho muy particular en nuestro medio, y que merece atención solo porque estimo que sí tiene un rol definitorio en el carácter de su producción. Una producción que siempre es refrescante porque sus imaginarios nunca caen en el lugar común, sino que releen la realidad familiar que nos rodea de modos y en poéticas totalmente distintas a lo que el arte local genera.

Quisiera por último trazar un paralelo con uno de los artistas ecuatorianos que más admiro: Eduardo Solá Franco. Esto no lo hago para subirle los bonos a Noboa ni para predestinar su estatus en el horizonte de nuestra pintura, sino para contrastar el alegato que he pretendido configurar empleando un caso concreto, de distintos matices pero similar.

Solá fue terriblemente marginado del medio artístico local, más allá del repelús que pudo haber causado su orientación sexual, por su abolengo “aniñado” y por la ausencia en su práctica de un espíritu (o pretensión) de vanguardia que sus pares del momento enarbolaban. Su posición -ese exquisitamente aberrado academicismo subvertido en las narrativas más decadentes y febriles- resultaba incierta y descalzada de los principales movimientos de su tiempo, y por ello su consideración como un artista de talla es hasta ahora relativa. Sigue siendo un “caso aparte” tanto como a Noboa se lo pita en offside.

Pero Solá mantuvo su integridad, respetó el trabajo ajeno tanto como el propio y no cayó en el ridículo de desnaturalizar su producción para hacer de su pincel un lugar de estéril discursillo de confrontación. Su trabajo está ahí para ser releído, aunque en su momento no se le haya prestado la atención que merecía. Por suerte Noboa no se ha adaptado, no porque otros artistas estén equivocados y él haya encontrado la veta de la verdad, la innovación o la pertinencia, sino porque una escena heterogénea es saludable (ojo que heterogénea no implica una pluralidad mediocre), y pocos artistas acá generan el efecto inquietante y esas dosis de seducción y neurosis que implica una nueva muestra suya. Si en realidad nos creemos esto de que en Guayaquil la escena del arte ha adquirido una nueva vitalidad debemos tener conciencia del importante rol que artistas así juegan para que esto sea cierto.

Rodolfo Kronfle Chambers
Pelucolandia, 22 de abril del 2008

miércoles, abril 30, 2008

Muestra de dibujo (ITAE) en dpm



Anthony Arrobo-Velez
Flag (captura de fricciones)
grafito

David Palacios
>;p
Video
Daniel Chonillo
Lorena Peña
Silueta de hombres interesantes
Video
José Hidalgo
Atomic Excersice
Cemento

Gabriela Cabrera
Gabriela Fabre
Romina Muñoz
Sin Título
Papel Bond
Manuel Córdova
Calló dulcemente como un árbol
Fomix

Graciela Guerrero
El orden de las cosas
lápiz de color/papel de liar


Juan Carlos León
C.I. proyecto (story board)
Dibujo / papel de despacho

Ilich Castillo
Del dibujo (versión con glitches)
Video

EVIDENCIAS DE LA
TERCERA MUTACIÓN

Texto de la muestra
¿No es increíble todo lo que puede tener adentro un lápiz?


A continuación, no hay de otra, trataré de exponer unas cuantas consideraciones sobre lo que percibo como el potencial de una nueva manera de encarar la producción artística en Guayaquil, particularmente por algunos artistas emergentes, o algo más consolidados, presentes en esta muestra. Primero haré una sinopsis del contexto inmediato desde la Artefactoría hasta el ITAE, para luego pasar a la especulación pura y al oscuro rol de la deriva. Eso.

1.
De la década de los 80s a nuestros días las artes visuales de Guayaquil me parece que han vivido tres mutaciones, la primera de ellas con Artefactoría. Luego, terminando con un vacío profundo en los 90s, alrededor del año 2000 se empieza a generar un grupo de artistas emergentes que empiezan a producir, al igual que Artefactoría, sin estudios superiores en arte. Poco tiempo después muchos de estos se incorporan, al menos temporalmente, al naciente ITAE del que a su vez emerge un tercer grupo, formados con el sistema pedagógico del Instituto. Estas tres instancias conviven y siguen proponiendo en el circuito del arte guayaquileño.
La (difusa) propuesta de Artefactoría era en buena medida bastante confrontadora a nivel social, buscaba ingresar en el cuestionamiento a las estructuras dominantes que se evidenciaban claramente en el régimen de León Febres-Cordero, aupado en Guayas por la prominente figura de su gobernador Jaime Nebot. Pero (pero, pero) aquel no es el aporte más relevante de Artefactoría sino los criterios formales estéticos que introduce en la producción local.
Aunque parezca traído de los pelos, quisiera transportar a este texto la misma tesis que André Bazin sostiene sobre el neorrealismo italiano, negándose a definirlo a partir de su contenido social. Lo realmente importante en esas imágenes era que “ya no se representaba o reproducía lo real sino que se apuntaba a él. En vez de representar un real ya descifrado, el neorrealismo apuntaba a un real a descifrar, siempre ambiguo” (1) que precisamente constituye la diferencia tangencial entre este colectivo guayaquileño y sus viejos maestros del Colegio de Bellas Artes. Las piezas se vuelven evocadoras e increpantes, pero nunca militantes. Hay que señalar que aunque artistas como Mauricio Bueno son quienes abren búsquedas en el contexto nacional que rompen con el esquematismo de nuestra modernidad, no constituyen referentes inmediatos, aunque sí conocidos, para Artefactoría.
Luego viene el bache de los 90s en Guayaquil del que no me interesa intentar un diagnóstico. Y entonces por el 2000 aparece un grupo de artistas emergentes en la ciudad. Buena parte de estos artistas jóvenes también crea un colectivo, Lalimpia, pero en una lógica diferente a la de Artefactoría en dos puntos importantes:
- A pesar de que cada uno mantiene su producción personal generan un proceso de creación colectiva que difiere de lógicas como las de Van o Artefactoría, ya que en su caso no se trata de una asociación para exhibir trabajos personales sino de borrar las individualidades para generar una propuesta grupal.
- De a poco las obras se amplifican semánticamente, generando nuevos niveles de reflexividad. Este fenómeno se hace evidente (digamos que se concreta o borra su literalidad) en el Salón de Julio de 2005, en el que ciertas obras manteniendo esa intensidad crítica en la esfera social, reflexionan al mismo tiempo sobre sus propios medios y abandonan la idea de estar colocadas en el museo para, mas bien, emplazarse estratégicamente.
Ahora, si bien estas propuestas obedecen en buena parte al discreto pero importante crecimiento que se dieron por las dinámicas de discusión interna del colectivo y a obvias diferencias de recambio generacional, hay otras razones fundamentales y quizás más importantes. Los artistas emergentes tenían abiertas las puertas que a Artefactoría le tomó tiempo y esfuerzo desatrancar, a lo que se suma el acceso abierto a información mediante la web, el cercano trabajo crítico y curatorial que desarrollan Lupe Álvarez y Rodolfo Kronfle, un espacio expositivo abierto en la galería dpm y, finalmente, la decisiva llegada del ITAE. Toda una serie de factores que han logrado imponerse –o al menos sobrevivir– frente a la precarización económica e institucional que han amenazado este profundo remezón que se viene dando en estos últimos años en el ambiente cultural de Guayaquil.
Así hace 5 años se abre el Instituto Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE), la primera institución pública que ofrece formación superior en artes visuales en la ciudad, cuyos excelentes resultados académicos sospecho están creando un trampolín hacia nuevas dinámicas de creación y comprensión del trabajo artístico que empiezan a gestarse y que me parece se hace latente en varias de las obras de la presente muestra.

2.

But also I like to draw as another way of thinking
Gabriel Orozco

Muere el Arte ¿Y?
graffiti quizá sugerido por Stefan Morawski

La condición postmedia (2) ha permitido dos cosas fundamentales en la práctica artística. Por un lado borrar las jerarquías existentes entre medios artísticos y por otro la combinación de estos, sin perjurios puristas. Esto ha permitido un concepto ampliado de dibujo que ejerce la libertad de legitimarse en otros medios. Una de las razones por las que el dibujo y el vídeo son tan importantes hoy en día es por su inmediatez. Inmediatez del pensamiento en la mano en el primer caso y, en el segundo, inmediatez en la mirada y en la circulación.
Así mismo para quienes han reclamado que no se trata de expandir las fronteras del arte, sino de borrar las fronteras que lo separan de la vida, siempre habrá algo que marcar en una pared, algo que borrar, palabras que escribir, laberintos que recorrer, una línea que divida el culo en dos nalgas, o simplemente bolsillos que luzcan encantadores con un bolígrafo dentro de ellos.
Los artistas de esta muestra lo saben y lo afrontan.
Pues bien, había dejado pendiente lo de las nuevas dinámicas y para ello voy a recurrir a otro paneo.
Aunque, como dije previamente, varios artistas emergentes proponían obras autorreflexivas casi siempre tenían como motivación una agenda cuestionadora que básicamente se ejercía sobre:
- El control del espacio público y su privatización dentro del proceso de regeneración urbana, incluyendo en la reflexión a los excluidos de ese proceso.
- Las instituciones culturales alienadas de las transformaciones del circuito.
- La Historia Nacional y un intento por deconstruirla.
Pues bien, esta agenda está agotada, al menos de la manera en que se lo ha asumido, aunque los temas sin duda aún tienen importantes aristas no abordadas. Este fulminante cansancio ha sido provocado porque este tipo de producción no terminó de responderse a sí misma en los 80s y 90s, entonces había un rezago, una deuda que saldar con la forma de abordar estos temas desde el espacio del arte, puntualmente en Guayaquil. La vieja deuda se evaporó ya que en pocos años fue saldada. Sin embargo el asunto de fondo creo que es otro, y me refiero a la manera en que entendemos la imagen, creo que buena parte del arte que provenía de esa agenda estaba ligado con una concepción superada de imagen, que responde a la noción de imagen tradicional que según Brea “ejercía sus poderes antropológicos básicamente en relación a su potencial de administrar la promesa simbólica del hacer permanecer lo efímero contra el paso del tiempo”(3) , se trata entonces de una imagen de registro y localizada, docu/monumental, es una imagen que proviene del pasado, mientras en su lugar hoy aparece en su escenario un fantasma que proviene del futuro, por ello carece de identidad, la e-image(4).
Por otro lado y de vuelta a nuestra problemática local, en cuanto a lo formal hay un rápido agotamiento de los juegos fáciles de materiales o soportes, sobretodo cuando se intenta obtener ingenuamente el plus simbólico del mismo con el afán de inflar la obra. No hay riesgo porque en muchos de esos casos no hay creatividad sino la comodidad de la fórmula. Así mismo tomar (el cliché de) lo marginal otorga de primera mano el look kool de artista de la periferia que tanto gusta a grandes y chicos. No digo que haya que vetar esa legítima línea de trabajo sino que sacar provecho de la precarización de la vida, sin entablar un compromiso responsable, es absolutamente banal y lamentable. Aunque estos artistas no lo saben, su ideología es el asistencialismo. Claro, se le puede dar la vuelta al asunto y convertirlo en estrategia discursiva –como en el caso de Santiago Sierra– poniendo la mirada en la abultada llaga verde de las formas postfordistas de producción capitalista. Entonces sí, que nos arrojen al encuentro con nuestra falsa moral, pero que nadie venga a lamentarse, ni a denunciar nada, para recibir palmaditas de felicitación por buena conducta, ni que amanezca con el chuchaqui del optimismo moderno. Como el Marques de Sade “no creo en ningún sacrificio que se haya hecho por causa alguna. Creo solo en mí mismo”(5) , aunque Marat salte de su bañera y guite ¡Yo creo en la revolución!
De cierta manera –intuyo– la producción guayaquileña está pasando de Marat a Sade (exagero, lo sé). Si en cierto momento quisimos hacer un ejercicio de ciudadanía radical desde el espacio del arte creo que ahora estamos apenas entrando en un espacio mucho más riesgoso, el de la deriva total, el de la no-ciudadanía ya que, como dice David Cronenberg, "un artista no es un ciudadano que pertenezca a la sociedad. Un artista está destinado a explorar cada aspecto de la experiencia humana, los rincones más oscuros, aunque no necesariamente; ahora bien, si eso es lo que te atrae, hacia ahí debes encaminarte. No puedes preocuparte por lo que la sociedad considera buena o mala conducta, buena o mala exploración. Por eso, en cuanto uno se convierte en un artista, deja de ser ciudadano".
Hacia dónde creo que se empiezan a moverse los intereses es hacia una revaloración de los actos sencillos y abiertamente inútiles en desmedro de retóricas pesadas que, con poca o mucha efectividad, intentaron poner en discusión problemáticas más evidentes, problemáticas enunciables que ahora se diluyen para dar paso a propuestas más indiscernibles, pero no indiscernibles de manera gratuita por el simple hecho de deshacerse de la agenda anterior sino porque asumen su preocupación por la imagen.
A fines del año pasado conversábamos muchas de estas cuestiones con Ilich Castillo y nos propusimos dejar de ceder a la tentación del trabajo que veníamos haciendo. Entonces Ilich ganó el Salón del Comercio con Confirmación de los acontecimientos que ingresa en este nuevo territorio (nuevo para nosotros, claro) y a mí me rechazaron (con justicia) por enviar el proyecto del vídeo (y no el vídeo) para la admisión. El largo vídeo se titulaba Evidencias de la tercera mutación y consistía básicamente en una familia totalmente quieta y babeando.
Comento esto por capricho quizás, para que exista, no porque considere que sea ejemplo de nada, lo ratifico. Dejo constancia además de que muchos de los palos arrojados con furia en las líneas superiores están dirigidos contra mí. En todo caso varias de las obras que vimos en la recién clausurada Beca dpm tienden a alejarse de la antigua agenda, como Estática de José Hidalgo o Dytirambos de Anthony Arrobo, ambos, al igual que Castillo, presentes en la actual muestra.
Antonioni afirmaba que las situaciones más triviales o cotidianas desprenden “fuerzas muertas, iguales a la fuerza viva de una situación-límite”(6) y es que lo cotidiano presenta la posibilidad de llevarnos hacia lo indiscernible y no a las viejas y sofisticadas relaciones racionales de significados. La otra posibilidad es la de simplemente arribar sin más al terreno de lo confuso, sobre lo que Deleuze aclara “la confusión está solamente en la «cabeza de alguien». En cambio, la indiscernibilidad constituye una ilusión objetiva; ella no suprime la distinción de las dos caras sino que la hace inasignable”.
Aunque preferiría no hacerlo, puede ser necesario señalar que este texto está inserto en la exhibición no como una sinopsis saludable de la misma, sino como un conjunto de interrogantes que intentan más bien situar las prácticas aquí presentes en el contexto mayor dentro del que se están gestando, poniendo en discusión el proceso y no las propuestas como objetos terminados y vueltos hacia sí mismos.


Oscar Santillán

(1) DELEUZE, Gilles. La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2. Ed. Paidós, 1985.
(2) Término acuñado por Rosalind Kraus.
(3) BREA, José Luís. La conquista de la ubicuidad. En Medio siglo de arte (1955-2005) editado por Javier Maderuelo. ABADA Editores, 2006.
(4) Aunque el concepto de Brea tiene un marco tecnológico que lo sustenta resulta interesante las similitudes que hay entre este espectro que propone y la imagen-cristal de Deleuze.
(5) Tomado de la película Marat/Sade de Peter Brook.
(6) En la obra ya citada de Deleuze.

domingo, febrero 17, 2008

Miguel Alvear - un par de videos



Miguel Alvear - Patricio Andrade - Wir Konnen Es (2007)

Wir konnen es (Sí se puede) alegoriza una suerte de empacho simbólico que se ha amplificado en estos meses "revolucionarios". Algo así como la patria empachada de tanta golosina nacionalista.
Miguel Alvear





Miguel Alvear - Conteo Bai (2003)

Bai, un Wao de la comunidad de Bameno imita el sonido de los animales de la selva con una destreza admirable. Al final del video le pido que imite a un gato y a un perro y su interpretación no convence…

Miguel Alvear


Miguel Alvear’s video, Conteo Bai (2003), uses visual imagery from a primordial landscape to confront the viewer with an aural landscape that challenges peoples’ cognitive ability to create an image of their environment. Filmed in the Bameno region of Ecuador’s rain forest, the video is a double portrait of the landscape and its inhabitants that touches upon culture and territory, and methods of depiction that underline an exotic desire to discover and expose “otherness”.

María del Carmen Carrión