martes, agosto 02, 2011

Aire³ : Córdova-Ochoa-Palomeque

Galería Patricia Meier - Guayaquil
Tomás Ochoa
Para callejear no importa mucho saber si la
levitación es real o ilusoria
mixta (acrílico/óleo) sobre lienzo
150 x 100 cms
2011
Tomás Ochoa
Una perversa inmensa hecha de ausencia,
uno no está en casi ninguna parte
150 x 100 cms
2011
Tomás Ochoa
El mejor camino es el de vuelta, 
que es también el camino imposible
138 x 200 cms
2011
Tomás Ochoa
Para callejear no importa mucho saber
si la levitación es real o ilusoria
150 x 100 cms
2011
Juana Córdova
Vivero
dólares norteamericanos/resina/alambre
2011
Patricio Palomeque
tatuaje
132 x 52 cms
2011
Patricio Palomeque
mano
160 x 52 cms
2011
Juana Córdova
Cocas
Billetes/Alambre
2010
Patricio Palomeque
11am (izq.) - vertical (der.)
182 x 52 cms (c/u)
2011


Para evitar el aire enrarecido
    Después que tanto gesto ha despojado al arte de su talante material, y cualquier idea en apariencia descabellada (máquinas productoras de heces fecales, vitrales decorados con desnudos radiografiados) se suma a estos predios; además de dejar a un lado el denuedo productivo, hacedor, la escena artística en las actuales circunstancias se presta para todo. Cuando digo todo es hasta para timar. ¿Y dónde queda, -al menos para mí tan cerebral- el resquicio a la fruición de construir, más allá de confundir, en medio de tanto artificio conceptual que tanto se parece a la puerilidad?
    La muestra Aire³ en Galería Patricia Meier, Guayaquil, Ecuador, donde exhiben Juana Córdova, Tomás Ochoa y Patricio Palomeque me resulta reveladora de una arista de trabajo que apuesta por la capacidad heurística del arte, propiciadora de ambivalencias, ambigüedades, o sensaciones de vacío, pero resguardada de la nulidad emocional y confrontativa. Estos artistas cuencanos han unido sus acercamientos que, aunque situados desde ámbitos disímiles (el cuerpo, la ciudad, la creación) desembocan en una complicidad común: la soledad contemporánea. Y digo soledad pero también pudiera mencionar varios tópicos de nuestra existencia: la ciudad, el viaje (interior o común), la sobrevivencia, porque todos tienen cabida en estas propuestas.
     Por supuesto que creo en la provocación o el placer de jugar con el espectador como artilugios legítimos, siempre y cuando dicho desconcierto nos lleve a otra reflexión por ese camino; pero cuando la irreverencia se torna irrisoria para los que podemos desmantelar el discurso, porque detrás del espectáculo sólo queda tramoya, entonces se desvanece el interés (no el aura, ya sabemos que esa es amiga de todas las mesas, haga el artista hasta el ridículo).
      Aire ³ no despierta mis pasiones (porque entonces caería en el romanticismo, además no es su diagrama de fuerzas), pero sí instaura una actividad alrededor de la fábula, la construcción de ese corpus creativo partidario de la invención, el prurito cuestionador respecto a cualquier tema, en este caso nuestra voluntad de decisión respecto a la soledad desde nuestro cuerpo, cómo asumir el destino del arte, o la interacción con la ciudad, o el entorno. Aunque cabe señalar que en Ochoa, quien usa el socorrido paisaje urbano, la increpación se torna escurridiza (de ahí lo disfrutable) respecto a si es la urbanidad quien nos domina o las sensaciones de idolatría que podemos manifestar en torno a lo externo, al cierre o completamiento de una noción de individuo que responda al modelo civilizatorio, alineado y correcto. Fórmula que él mismo quebranta, entre otros recursos, al colocar textos ambiguos que evaden la linealidad o lo predecible en sus piezas. ¿Se agota acaso la existencia, el pathos, en estas polis ya exiguas? En ese apunte se ubican las más agudas consideraciones de este artista.
    Cabría a partir de aquí otro texto sobre los espacios que debe proyectar el ser contemporáneo para apuntalar su inmanencia, como diría Deleuze. “Lo que nos interesa –apuntan Guattari y Deleuze-, son aquellos modos de individuación distintos de las cosas, las personas o los sujetos…. La individuación de una hora del día, de una región, de un clima, de un río o de un viento, de un acontecimiento” (1).
    Para Palomeque, ese punto de fuga inmanente que funde lo sensible con lo perceptible  se halla en el cuerpo, que por demás se encuentra en muchas ocasiones confinado y a solas gracias a esa soberanía que ejercen las ciudades con sus metas precisas. Y es que en estas obras asistimos a ejercicios de discontinuidad, aleatorios, que instauran para el hombre una sensibilidad ubicable ni dentro ni fuera, sino en el entre al que también ha apuntado el pensamiento filosófico postmoderno.
   Tanto sus piezas como las de sus colegas consiguen con su pátina gris (gradación que también apunta a la intelectualización de sus insinuaciones) reedificar la naturaleza conciliadora del silencio, el fragmento (casi siempre asoman partes de esa entidad, no el todo), el placer o la angustia, convidándonos a un paréntesis donde se tenga en cuenta al presente en un sentido de transitoriedad y no de permanencia, con sus respectivas apuestas al cambio.
   Y desde una sensoriedad manifiesta y afianzada en su habitual inquietud, las instalaciones de Córdova “aguan la boca” como la mejor golosina. Un quehacer acreditado en su habilidad para la manufactura más conspirativa convierte a sus plantas en un vivero concupiscente donde parece hacer balance de una realidad que se orienta a partir del rubro economía. Comenta quizás el llamado “fin del mundo” por la recurrencia del hombre hacia el punto más frágil e inconveniente de su discurrir. El germen de la dependencia, lo que suele disolver nuestros rostros en la muchedumbre por la disposición enfermiza a que el fin justifique los medios, parecen asomar en estas piezas con una mezcla de sorna y humor. Su semillero de dólares americanos enfoca el llamado sintagma dominante de valor (2) cual pandemia global que, por supuesto, también contamina los dominios del arte.
    La necesidad de airear nuestro accionar pareciera ser la tesis de estos tres jóvenes creadores que sólo en apariencia conversan desde soportes y temas comunes. Sospecho también son almas desprejuiciadas, eso aporta validez al juego.
    Notas:
(1)  Deleuze, G y Guattari, F: Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre-Textos, 2002, España.
(2)  En el documental Zeitgeist: The Movie, escrito, dirigido y producido por Peter Joseph en el año 2007 se apunta a una sociedad basada en la tecnología y la abundancia de recursos en la que el hombre se muestra víctima del poder y las transnacionales cual círculo vicioso. El tono del mismo convida a la insubordinación.

                                                                   Amalina Bomnin (último día de julio 2011)
                                                                   Docente, curadora, crítica de arte

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