sábado, marzo 24, 2007

Ricardo Bohórquez - Panama Seat

Ricardo Bohórquez
Panama Seat
Tradicional asiento guayaquileño
(Este ensayo visual se publicó en el número de la Revista Iconos dedicada a la Regeneración Urbana de Guayaquil)

La calle Panamá, en el centro de Guayaquil, es una herida sucia en el renovado centro financiero y económico de la ciudad. Vendedores, mendigos, bodegas de cacao y café, talleres mecánicos, cámaras espías y edificios de colores falsos, como una camisa hawaiana que nos han obligado a poner, sonriendo para parecer tropicales.

Una ciudad para ver y no tocar. Una ciudad donde no hay como sentarse afuera, en el fresco, en la sombra.

Antes de que la renovación llegue a ella, busco a los sobrevivientes que viven en la calle desde su tradicional asiento-negocio-cama-living: cuidacarros, vendedores ambulantes, zapateros, bodegueros, lateros, gasfiteros esperando algún gil para sacarse unos dólares.

Hay que andar ligero, ligerito. Porque ya mismo se van. Se nos van!

Ricardo Bohórquez Gilbert
http://www.flickr.com/photos/ricardobohorquez

Banco fresco (Panamá y Junín)

Cuidacarros (Panamá y Junín)

Descanso del mecánico (T. Martínez y Panamá)

Ergonómico (Panamá y Junín)

Esquinado (Rocafuerte y Juan Montalvo)

Esquinado 27 años (Panamá y Montalvo)

Esquinas (Panamá y Juan Montalvo)

Hugo (Panamá y Junín)

Lavandería (T. Martínez y Panamá)

Parterrizado (Rocafuerte y Juan Montalvo)

Residente (T. Martinez y Panamá)

Salón de videos (Panamá y Sucre)

Silla Barcelona (Panamá y T. Martínez)

Silla comedor (Panamá y T. Martínez)

Sillas de reciclador (Panamá y Junín)

Silla Mojón (Mendiburo y Panamá)

Silla Novaloc (Panamá y Junín)

Vendedor de artículos de cuero (Panamá y Junín)

Sillón de Hugo (Panamá y Junín)

Vendedor de gafas (Panamá y Junín)

Vigilantes y Gallo (Mendiburo y Panamá)
Presentación de Revista Iconos
por Tina Zerega
Catedrática Universidad Casa Grande - Guayaquil
“Miradas críticas a la regeneración” en sus distintos artículos presenta una problemática que va más allá del programa de Ciudadanía de Aprendamos, las obras de arte contemporáneo contrarias a la Regeneración y el caso de la Metrovía que recogen sus artículos. Problemática que nos involucra a todos directa o indirectamente: la desactivación de la esfera pública en Guayaquil y “la despolitización” de los sujetos. Porque hay que pensar más allá de la idea de que hay un algo o alguien en las esferas de poder que es un culpable absoluto de nuestra anomia. Algo o alguien que como títeres inertes nos desactiva o nos despolitiza.

El impacto de los fenómenos de Regeneración Urbana en Guayaquil son brutales, desde múltiples dimensiones, ya sean éstas culturales, políticas, urbanísticas, estéticas. Sin embargo, ¿ dónde se puede hablar de esos impactos? Íconos , paradójicamente una revista quiteña, tiene como mérito reunir los silencios guayaquileños. Es interesante que sea en una revista quiteña, la que condensa una serie de opiniones que lo que hacen es transitar de forma casi inadvertida en Internet, blogs, foros pequeños, reuniones de grupos de estudios y – en el mejor de los casos – uno que otro editorial en algún diario local. Uno no quiere ser mal interpretada. Soy guayaquileña. Viví y vivo desde que recuerdo en Rumichaca y Manuel Galecio. Recuerdo las problemáticas de infraestructura de la ciudad previa a la regeneración. En mi esquina generábamos torres inmensas de basura, casi nunca recogidas. También tenía que sacar agua de mi casa cada invierno porque teníamos nuestra propia piscina personal en la que nos bañábamos todos: mis padres, vecinos, electrodomésticos. No considero que todo aquello emprendido por el Municipio es negativo e incluso me parece que el Municipio es un ente plural, donde a veces las ideas más progresistas conviven con las más fascistas y retrógradas. Y también, parafraseando al amigo y psicoanalista guayaquileño Antonio Aguirre, asumo que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro pequeño fascista dentro. Asumo también que gobernar es una tarea llena de imposibles y, por lo tanto, llena de dificultades en la que hagas lo que hagas, alguien pierde. Pero asumo también que eso no implica dejar de lado el hecho de que gobernar implica también pensar en quién es ese que pierde, qué pierde. Sin embargo, esos recuerdos y reflexiones, en mi caso, no me enceguecen. No me enceguecen frente a la privatización de los espacios públicos, el debilitamiento de la esfera pública, el autoritarismo que muchas veces impregna una parte importante de las acciones locales sobre todo en el enfrentamiento de conflictos, la ausencia de espacios de negociación y la discriminación social y estética que también conllevan los procesos de regeneración. Pero uno siente que la ciudad entera quisiera enceguecerse. “¿ Recuerdas cómo era antes?” “ Pero si nos han devuelto la ciudad…” es lo que aflora frente a cualquiera de las críticas que hago/hacemos en los espacios públicos y privados sobre ciertas ideas y concepciones de la regeneración. Esa frase, casi un lugar común frente a cualquier crítica a la regeneración, debería permitirnos generar otras preguntas ¿ a quién se la quitaron para devolvérnosla? ¿ Nos han “devuelto” esa ciudad “sin condiciones”, como dirían los más románticos boleros? Desde mi perspectiva y balances, parece que nos han “devuelto” esta ciudad con una condición: la condición de vivirla como un museo, como un centro comercial. Hay que mirar y no tocar. Hay que pasear. Hay que consumir. Porque la ciudad ( o parte de ésta) ya casi nos pertenece por fuera de esas acciones, como dan cuenta estos artículos. No nos la han “devuelto” para disentir, reclamar, negociar. Pero en todos los espacios desde mediáticos hasta privados, en las entrevistas en los medios y en las salas de Guayaquil, siempre se nos recuerda que criticar aspectos de la Regeneración es criticar toda la labor municipal. Que si no estás completamente a favor de la Regeneración, entonces estás contra ella, contra la ciudad entera, contra el progreso. Con algunos colegas podríamos hacer una pequeña colección de adjetivos con los que se nos nombra: “contreras”, “amargados”, “anti progreso”, “comunistas” ( sí, esta palabra también es parte de los insultos) , “regionalistas” y “resentidos” son adjetivos que se utilizan para la deslegitimación de cualquier crítica.

En todo caso, estos artículos nos permiten pensar que el poder local ha creado una serie de acciones, represiones, controles, enseñanzas que contribuyen a la disminución de la politicidad ciudadana. Todo eso es cierto. Sin embargo también es sencillo pensar que existe un poder que reprime, que ese poder es completo y omnipotente y que no somos co-partícipes de ese poder. Uno podría pensar que la Municipalidad y una parte importante de los medios han contribuido a la desactivación de la expresión pública. Por otra parte también me pregunto si alguna vez Guayaquil tuvo una ciudadanía activa, más allá de la mítica frase “madera de guerrero” y de las definiciones problemáticas que esos términos ( ciudadanía y activa) significan. Uno se pregunta cuándo se dio esa ciudadanía y cómo y qué la debilitó históricamente. Casualmente ahora, en una exploración sobre el tema de la paternidad en sectores de clase media baja para un nuevo programa de Aprendamos sobre Adolescencia, en los grupos focales con jóvenes se repetía una frase con frecuencia en torno a las posturas asumidas frente a los conflictos con padres o madres: “ más gano callado”. Dicen “ganar más callados” frente a los conflictos, las falsas acusaciones, los argumentos débiles de sus padres o de la autoridad. Ganar más significa evadir la represión, pero también ese “ganar” significa para ellos perder menos tiempo en algo que no lo llevará a nada. Me pregunto si no es una forma de subjetividad que replicamos como ciudadanos después: más ganamos callados frente a la regeneración y las normativas del poder local, más ganamos callados frente a las representaciones estereotipadas mediáticas, las reglamentaciones estéticas y conductuales. Así es mi papá, así es Nebot, así es la Junta Cívica. Así “es”. Y los ciudadanos replicamos esta actitud infantil-adolescente en nuestra ciudadanía y pensamos que ganamos más callados. En todo caso, estas ideas alrededor de la paternidad en Guayaquil, nos permitirían problematizar y reflexionar después sobre las configuraciones de la ciudadanía local y por qué pensamos todos que “ganamos más callados”. En nuestro caso es un “incómodamente callados” que deriva en otras tácticas como las de las redes virtuales, las conversaciones al interior de grupos o las expresiones artísticas. O es un “cómodamente callados” que es más bien cómplice del mercado que nos “ha/hemos” convertido en consumidores, más que en ciudadanos. Porque en el caso de la regeneración y de los medios, parece que el consumir “correctamente” esos espacios es considerado una forma de ciudadanía.

Me pregunto cuándo en Guayaquil el ejercicio de la crítica sobre las políticas locales dejó de leerse como opinión pública o como construcción de esfera pública y empezó a leerse como amenaza. Cuando las diferencias y la diversidad de opiniones empezó a leerse como amenaza. Cuando la idea de esfera pública se configuró alrededor de la idea de homogeneidad de pensamiento. Todos debemos pensar iguales. Es una amenaza pensar distinto, aunque sea un poco distinto. Cuando – en términos generales – los medios decidieron que para ese tipo de crítica no tenían espacio ( o lo tenían muy poco). Cuando las universidades locales prácticamente nos desvinculamos de los procesos de opinión pública. Cuando estas opiniones se transformaron en conversaciones apasionadas en pequeños foros reales o virtuales o con mayor suerte en obras de arte contemporáneo de las que muy pocas veces “se dice algo” fuera de los foros especializados . Cuando estas conversaciones decidieron encerrarse en una sala de una casa, en un pequeño café, porque aquí , en Guayaquil, solo se puede salir a pasear. Y decir lo lindo que es el paseo. Somos ( me incluyo) cómplices de este callar, aunque no otorguemos. Pero por otro lado callar o decir débilmente también es otorgar. Y si no deseas callar ¿ dónde lo dices? Y, más complicado aún, si no deseas callar, ¿hay alguien dispuesto a escuchar, por fuera de los adjetivos? ¿ más allá de los mismos de siempre, reunidos alrededor de esta mesa? Porque todos estamos de acuerdo, que callados no se gana nada.

miércoles, febrero 21, 2007

Perlas: moda irónica

"You said that irony was the shackles of youth, uh-huh"
What's the frequency, Kenneth?
R.E.M. (del disco Monster)

Ana Lucía y su pequeño gesto de ironía transnacional....

lunes, febrero 05, 2007

Fantasmas en la máquina - Galería dpm, Guayaquil


Fantasmas en la máquina
una curaduría de Ma Fernanda Cartagena
Galería dpm - Febrero 2007(Texto para el catálogo de la muestra)

Esta es una exhibición de fotografías de inquietante extrañeza. Apoderadas por efectos o fuerzas que no son fáciles de explicar ni de reconocer, estas imágenes quebrantan el lugar seguro donde se ha acomodado e institucionalizado nuestra forma de observar. El permanente juego y tensión entre lo visible/invisible, oculto/evidente, presencia/ausencia, se traduce en la interrogante: ¿dónde empieza y dónde termina lo real? La ambigüedad se instala de tal manera que cualquier grado de familiaridad se expresa amenazante. Esta inestabilidad y vértigo en la imagen, son el resultado de exploraciones que cada artista realiza sobre las propiedades atribuidas culturalmente a la fotografía y su relación con las tecnologías que sustentan la reproducción mecánica de lo real. En el actual debate sobre la crisis de muchas formas tradicionales de representación social, la fotografía se ha visto afectada y revitalizada por estas disputas, pasando a ser un espacio privilegiado que revisa cómo y desde donde miramos.

Los intereses de María Teresa Ponce, Dino Bruzzone, Esteban Pastorino y Jorge Miño, van más allá de la captura de un instante a través de su sensibilidad. Juegan con las convenciones o parámetros estéticos y técnicos que toman parte en la representación. Es por esto que la relación que establecen con lo real, lejos de ser transparente o neutral, es compleja y distante, contaminada e intermediada por la preexistente cadena de imágenes dentro y fuera de la fotografía como arte. Para cada artista, las dimensiones del tiempo, espacio o movimiento son versátiles e independientes, liberando cualquier principio de identidad/unidad tan arraigados a la fotografía. De igual manera, si acuden a la creencia de objetividad o verosimilitud, lo hacen como una variable más a dislocar o manipular.

Estos estremecimientos en el medio sirven a los artistas para representar el mundo de manera intensamente extraña y familiar; catalizar diferentes preocupaciones de índole social y cultural, y colocar a la fotografía como el principal vehículo y depósito de sus investigaciones. La complicidad con otras disciplinas como la pintura, arquitectura o publicidad toma parte en este proceso que trasciende la autoreferencialidad del medio para ampliar su campo discursivo. La convergencia de motivos en la muestra puede ser sutil, como por ejemplo el lugar que cada artista concede a la naturaleza y a lo construido (en oposición y conflicto), o la mirada crítica, fascinada o escéptica hacia ciertos fenómenos de la modernidad.





Dino Bruzzone. La Casa del Puente, 2004. C-print, 120 x 185.5 cm.


En las imágenes de Dino Bruzzone hay algo que fastidia y fascina. La Casa del Puente (2004) es tan real como sobrenatural. También conocida como Casa sobre el Arroyo, vivienda paradigmática de la arquitectura racionalista en Argentina, proyectada y construida en Mar del Plata por Amancio Williams entre 1943-45. En este caso el esplendor, presencia, y totalidad de su forma en el paisaje y naturaleza, se desvanece incomprensiblemente ante nuestros ojos, deviniendo incorpórea y fantasmática.

Y es que ni la naturaleza ni la realidad residen en las imágenes de Bruzzone. Son el resultado de su obsesivo empeño por fabricar lo real a través de maquetas que deberá dotar de vida a través de su manipulación manual y subsiguiente toma fotográfica. La maqueta, siempre oculta, asoma sorpresivamente, como un monstruo que nos devuelve la mirada, mientras la foto se cancela como ventana. Para cada imagen Bruzzone emprende este complejo proceso de operaciones que aspiran recuperar un instante perdido o ideal. Cada imagen es el resultado de investigaciones en diferentes fuentes visuales para reproducir y construir modelos, y las fotos cultivan el mandato de realismo y veracidad. La Casa del Puente de Bruzzone es más que una revisita o reconstrucción visual de lo real, es un gesto político y poético frente al estado actual de abandono, destrucción por un incendio intencional, por actos delictivos y por vandalismo, que está devastando esta otrora imponente obra del modernismo arquitectónico internacional.







María Teresa Ponce. Km. 455, 2006. De la serie Oleoducto. Pigment print, 110 x 215 cm.




María Teresa Ponce busca develar lo que se oculta bajo el paisaje. Para esto acude a las convenciones del paisajismo científico del siglo XIX, específicamente a las escenas de Rafael Troya, -ilustrador en expediciones de científicos alemanes-, encargado de pintar la topografía y geología del Ecuador. Ponce retoma las expediciones a la amazonía, sierra y costa del país, pero en este caso no ilumina la imponente amenaza de los volcanes, sino la menos visible e intimidante penetración y trayectoria del oleoducto ecuatoriano (SOTE – OCP). Para la artista “el oleoducto, al estar enterrado la mayor parte de su trayectoria, es básicamente invisible y por consiguiente perceptible como una ausencia siempre presente, como un sentido oculto, como una condición dada”. Rafael Troya manipulaba sus escenas para proveer la mayor cantidad de información “geológica” mientras la figura humana ocupaba un lugar residual. Ponce, al contrario, recalca las escenas cotidianas, -lo visible- que se desarrolla “al margen de, encima de y entorno al oleoducto”. Por esta razón comprime el tiempo presentando varias actividades humanas de manera simultánea, las que en realidad acontecieron en diferentes temporalidades.

La amenaza latente de estas imágenes, reposa en la fricción entre lo natural y lo artificial, lo velado y lo visible, la pobreza y la riqueza, la promesa y el olvido. La realidad del país, como un fantasma, a través de sus imponentes paisajes, se esconde y expone de manera insoportable. Ponce tiende un puente entre el pasado y el presente de la representación. Si la pintura refrendó una mirada eurocentrista, la fotografía devela condiciones poscoloniales.










Esteban Pastorino. Sin título, 2006.C-print, 100 x120 cm




Esteban Pastorino es un inventor de máquinas para observar el presente. Para esto suele reelaborar en artefactos y técnicas del siglo XIX, como por ejemplo en la estereofotografía que utiliza para sus prolíficas series panorámicas de pueblos de la pampa argentina o ciudades cosmopolitas. Pastorino no intenta, como en el pasado, utilizar estos medios para proveer una excepcional experiencia de realismo, sino que empuja y manipula su potencial técnico para representar los ritmos, movimientos y tránsitos del mundo contemporáneo. Para sus tomas aéreas ha fabricado una máquina que disuelve la perspectiva, el foco y la profundidad de campo tradicional. De esta manera, opera desde otra parte sobre la tecnología, y es a partir de estos giros, quiebres y dislocaciones en el uso “normal” de los dispositivos modernos de reproducción, que logra confrontarnos no con la objetividad, sino con un tipo de subjetividad contemporánea.

A través de sus tres tomas aéreas, nos lleva a un viaje desde un punto de vista elevado y superior, donde, sin embargo, nuestra visión no es transparente. Sobrevolamos, como en un sueño, o alucinando, y reconocemos el imponente y homogenizante desarrollo urbano, el desarrollo industrial, y detritus, como la otra cara de estas escaladas. ¿No es en estos estados alterados de conciencia dónde se producen las revelaciones, y donde podemos ver más, o más allá de lo que normalmente vemos?



Jorge Miño. Sin título, 2005. De la serie Movimientos de la perfección. C-print, 100 x 120 cm.




La industria moderna, en decadencia y obsolescencia, fue responsable de complejos y estilizados diseños. Jorge Miño sucumbe y se fascina frente a los mecanismos de la industria Argentina e internacional. En un primer momento los retrataba con la (aparente) distancia y objetividad que promete la toma publicitaria-documental. Así realizó un espléndido catálogo visual enfatizando el carácter escultórico de piezas que fielmente todavía prestan sus servicios en la vida cotidiana (raviolera, cafetera, máquina de escribir, balanza).

Las tres fotografías que se exhiben, pertenecen a su serie Movimientos de la Perfección (2005), y constatan que la documentación objetiva de estas maquinarias probó ser insuficiente. Miño inventa la manera de exaltar la forma y función de un taller industrial. Este taller, de elementos de precisión para encastres de gasoductos, requiere de grandes, complejas y pesadas maquinarias para pequeñas tareas. Como en los cuentos para niños, cuando todos se han dormido o marchado, las máquinas cobran vida y despliegan su violencia, elegancia, brillo y misterio. El deseo profundo de representación opera en su contra, las convierte en transparentes, espectrales y ausentes. La verdad pierde terreno y da paso al poder de lo falso. De este modo la modernidad regresa, y casi siempre como fantasma.

María Fernanda Cartagena
Enero 2007

Dino Bruzzone (n. 1965, Entre Ríos, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Arquitecto por la Universidad de Buenos Aires (1995). Realizó estudios de arte en el Programa de Becas coordinado por Guillermo Kuitca y con Juan Doffo. Obtuvo la beca de perfeccionamiento en la Cité Internationale des Arts, París y ha realizado estudios de fotografía, escenografía y color, y también ingeniería electrónica. Entre sus recientes muestras individuales se destacan: Stars en la Galeria Nara Roesler, San Pablo, Brasil (2004); Arquitectura Escéptica, Galería Dabbah Torrejón, Buenos Aires, Argentina (2005); Parque de atracciones, Galería Luís Fernando Pradilla. Madrid, España (2002); Parque de diversiones, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina (2001). Desde inicios de los años 90 ha participado en numerosas exhibiciones y curadurías internacionales en varios centros de arte en América Latina, Europa, y Norte América. Expuso en la Bienal de Santiago de Chile (2002); Bienal de San Pablo (1999); Bienal Internacional de Venecia (1999), y la Bienal del Mercosur, Porto Alegre, Brasil (1999). Su obra integra las colecciones del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires; Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, Argentina; Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile; Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, y Museo Nacional de Bellas Artes, Argentina.


Jorge Miño (n. 1973, Corrientes, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Realizó estudios de Arte en la Escuela Nacional de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, y en la Escuela Superior de Bellas Artes Carlos Morel, Buenos Aires, Argentina. Ha tomado cursos y talleres fotográficos dictados por Alejandro Kuropatwa, Martin Weber, Alberto Goldenstein, Fabiana Barreda, Nacho Iasparra y Pablo Vargas Lugo. Ha participado en varios salones de arte y entre las muestras colectivas se destaca su participación en: Currículo 0, Galería Ruth Benzacar Buenos Aires (2003); Galería Zabaleta Lab, Buenos Aires (2004); Mecanismos, Fotogalería Centro Cultural Ricardo Rojas, Buenos Aires (2004); Panoramix 05, Fundación Proa, Buenos Aires; Galería Buro Dijktra Art Gallery Rotterdam, Holanda (2005); 15 x 15, Galería Praxis, Miami, USA (2006). Recibió el II Premio ARTEBA Petrobrás de Artes Visuales y el IX Premio Federico Jorge Klemm, Buenos Aires (2006).


Esteban Pastorino (n. 1972, Buenos Aires, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Estudio Ingeniería Mecánica en la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de estética fotográfica en los talleres de Juan Travnick y análisis de obra con Fabiana Barreda. Ha participado en residencias en Grecia, Ámsterdam y Madrid. Sus muestras individuales más recientes han sido en la Galería Dabbah Torrejón, Buenos Aires (2006); 3-D Photographs Do Not Bend Gallery, Dallas, Texas, USA (2006); Photographs, Galerij Erasmus, Rótterdam, Países Bajos (2006); Panorámicas, Galería MasArt, Barcelona. España (2006). Una selección de su participación en colectivas incluye: Discoveries, Fotofest, Houston, Texas, USA (2006); Puntos de Vista: Fotografía en la colección permanente de El Museo del Barrio, New York, USA (2005); Mapas abiertos, Fotografía Latinoamericana 1991-2002, Centro de Fotografía, Santa Cruz de Tenerife, España (2005); Visions d’un mythe. Un siècle de photographie en Argentine, Maison de Radio France, París (2004). Su obra integra las colecciones de El Museo del Barrio, NY, USA; Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires; Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires; Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, Argentina; Museum of Fine Arts, Houston, Texas; Santa Barbara Museum of Art, USA; Art Institute of Chicago, USA; Rijksakademie Van Beeldende Kunsten, Amsterdam. Países Bajos; Centre for Photography at Woodstock. NY. USA.

María Teresa Ponce (n. 1974, Quito, Ecuador) Vive y trabaja en Quito.
Arquitecta por University of Notre Dame, Southbend, IN. Obtuvo el MFA en Photography and Related Media, en la School of Visual Arts, NY, NY. Su instalación colaborativa La Marcha Llega, fue expuesta en 8vo Mes de la Fotografía, Alianza Francesa; Casa de la Cultura, y Municipio, Quito, Ecuador (2005). Su instalación pública del video Mudanzas fue auspiciada por el Queens Museum, New York (2004) y su documentación exhibida en Cartografía del Deseo, Asociación Humboldt, Quito, Ecuador (2005). Su serie Deshabitados ha sido presentada en: Canal Isabel II, Madrid, España (2005); Alianza Francesa, Quito (2002); FotoEcuador II, y dpm arte contemporáneo, Guayaquil, Ecuador (2002). Ha recibido las siguientes distinciones: Paula Rhodes Scholarship Award, New York; Alumni Scholarship Award, New York; Aaron Siskind Scholarship Award, New York; Chairman’s Honors, SVA Topographical Irregulars, New York (2004), y en el VII Salon Nacional, Fundación El Comercio, Quito (2002). Su obra integra la colección del Queens Museum en Nueva York y la Fundación El Comercio en Quito, Ecuador. Actualmente coordina el Departamento de Arte y Fotografía de la Universidad San Francisco de Quito, Ecuador.

María Fernanda Cartagena, curadora independiente y editora de http://www.latinart.com/

lunes, enero 29, 2007

Escoria - archivo nuevos medios ecuador


El archivo ESCORIA nuevos medios ecuador tiene a su cargo la documentación y archivo de la obra en imagen en movimiento de artistas nacionales y extranjeros que viven en el Ecuador y de artistas ecuatorianos que viven fuera del país, quienes al momento conforman una agenda de 125 personas.

El archivo ESCORIA nuevos medios ecuador tiene como objetivos principales la conservación de las obras, como parte de la historia del arte contemporáneo ecuatoriano. Se preocupa además de la difusión, sin fines de lucro, del material a su cargo a nivel nacional e internacional, actividad que se realiza bajo el amparo del Convenio de Derechos de Autor que los artistas deben firmar con el Archivo como único requisitos para ser considerados parte del mismo.

El archivo ESCORIA nuevos medios ecuador se compone de copias en formato, mayoritariamente dvd, de las obras de los artistas, sus curriculum vitae, soportes conceptuales de las obras, material virtual y/o impreso que la obra haya generado, entrevistas en audio y en formato digital formuladas a los artistas. Posee además algunas copias cedidas por artistas internacionales y una interesante bibiliografía sobre el tema de nuevas tecnologías de la imagen.

El archivo ESCORIA nuevos medios ecuador nace como iniciativa independiente en 2003; sin embargo la investigación se remonta hacia los inicios del uso de la imagen en movimiento como herramienta de expresión artística en el Ecuador, es decir principio de la década de los ochenta del siglo pasado. Al momento el archivo sigue la pista de sus artistas y de aquellas instancias que pueden procurar la convocatoria a nuevas propuestas. Por lo tanto esta es una invitación abierta para artistas ecuatorianos y extranjeros que trabajen esta modalidad de expresión para formar parte del archivo ESCORIA nuevos medios ecuador

maría belén moncayo
directora general

lunanueva_ec@yahoo.com
(593) 2 - 09-7799347 celular
(593) 2 – 2543705 casa
(593) 2 – 432914 oficina
Iñaquito E3-156 y Amazonas
quito-ecuador

miércoles, enero 17, 2007

ESPEJITO, ESPEJITO - X. Andrade




ESPEJITO, ESPEJITO…

X. Andrade

Me encargué yo mismo, a falta de interesados, en hacer una evaluación de la gestión cultural del Banco Central de mi país en los últimos años en la ciudad de Guayaquil. Los resultados fueron tan disparatados que me vi abocado a presentarlo a manera de un reporte de ridículos vericuetos, los mismos que esta historia encierra.

Empieza a fines de los noventas, cuando la administración de Fredy Olmedo, el mayor gestor cultural en el Ecuador reciente --ahora olvidado por aquello de que la memoria es ingrata y corta. Bajo su dirección nacieron los mayores proyectos planificados alguna vez en esta ciudad: un museo concebido para desarrollar la antropología y el arte contemporáneo, un parque temático dedicado a recrear fragmentos de la historia del puerto, una plaza destinada a fomentar oficios olvidados relacionados con las artes, una universidad dedicada a crear la infraestructura humana necesaria para fomentar el arte contemporáneo, y, un cine cultural que permitiera a las audiencias locales encontrar alguna alternativa. Todo marchaba viento en popa hasta que hacia fines de 2003, acosado por una burocracia que cree que la cultura es meramente entretenimiento, aunada en una secta de sabios denominada “Comité Cultural del Banco Central”, decidió remover a Olmedo para poner en su lugar a una arqueóloga cuyos aportes en el campo son desconocidos, y cuya mayor virtud es ser la pintora de las mil venuses de Valdivia, aquellas figuritas que han sido bautizadas así para hacernos sentir orgullosamente romanos desde la etapa prehispánica.

La flamante autoridad representaba todo lo que Olmedo no había provisto para hacerlo un tonto útil a los ojos de las autoridades del Banco: era guayaquileña, vinculada con las elites, emparentada con algún miembro del directorio, pintora decorativa y por tanto con trayectoria en las “artes”, y sin ideas de avanzada para transformar cualitativamente la calidad de la oferta cultural en la ciudad. Su primera misión: desmantelar todos y cada uno de los proyectos de la administración anterior sin importar las inversiones ya realizadas por el Estado. Boicoteó la mayor exhibición de arte que se haya hecho en el país, Umbrales, para imponer una serie de shows seguros destinados a fomentar el culto a los creadores de siempre. Paralelamente, redujo la antropología a un efímero evento en la cafetería y reinstauró a la arqueología en el lugar celebratorio: la de la construcción ideologizada y romántica de un pasado comercial y guerrero. Al mismo tiempo, se encargó de atentar sistemáticamente contra la existencia de la institución educativa creada por considerar que se estaba fomentando la formación de estudiantes en ideas atentatorias contra la “guayaquileñidad”, hasta que la propia Municipalidad le hizo entender la importancia del proyecto. Convirtió a un parque histórico en una locación para la celebración de matrimonios de las elites, y a la plaza de las artes en una para festivales de dudoso valor educativo. Todo ello aderezado con el lanzamiento de revistas de farándula, los periódicos shows de moda y uno que otro taller infantil y literario. Divino.
El hecho de que no existan mecanismos de rendición de cuentas sobre la gestión del Estado en el campo cultural, por supuesto, favoreció todo esto. La historia, sin embargo, continúa para nuestro deleite. Dicha “autoridad” encontró en las páginas de sociales de los diarios locales el mayor aval para permanecer en su puesto. Cero informes, miles de sonrientes fotos. A tales páginas nunca llegaron las denuncias en fiscalías locales sobre el tráfico de pinturas falsificadas vehiculizadas por ciertas autoridades y protegidas por otras, ni tampoco la persecución desatada internamente contra Fredy Olmedo para buscarle, sin éxito, evidencias de corrupción o despilfarro, peor las implicaciones para el Estado de haberla favorecido con el despido masivo del personal profesionalmente más capacitado para dejar en su entorno -salvo honrosas excepciones- a una cofradía de leales secretarias. Ni una noticia sobre la incapacidad para gastar presupuestos que, una vez perdidos por la falta de generación de proyectos e ideas, terminaron retornando al Estado, revirtiendo el sentido del cacareado “centralismo”. Ni una palabra sobre los préstamos ilegales para esas propias autoridades, ni las tercerizadoras fantasmas patrocinadas por el propio Estado, ni las campañas bajo la mesa contra artistas e intelectuales críticos, nada sobre las amenazas de rescindir contratos y de remover obras de arte en la esfera pública porque le resultaban caprichosamente incómodos, nada sobre las campañas para desprestigiar a notables intelectuales del medio.

Con la salvedad de un par de eventos y el apoyo a un Archivo Histórico que debería ir camino a su mayor profesionalización académica, el resto constituye un listado de atrocidades fomentadas por el Estado. La desinformación y la falta de rendición de cuentas del BCE en cultura le han hecho mucho daño a la gestión cultural estatal, haciéndola sinónima de desverguenza. Esta historia permanece oculta porque es más fácil aplaudirla, y hasta condecorarla, como efectivamente lo hizo el convenientemente desinformado gobierno saliente, cuyo legado en materia cultural es tan patético y caprichoso como la elección del segundo retrato presidencial. Ya me puedo imaginar la grotesca escena de la premiación y las congratulaciones. Espejito, espejito: ¿quiénes han sido los más bellos? Este es el tipo de preguntas que le espera al nuevo gobierno. Para contestarlas, hay que raspar las toneladas de maquillaje que constituyen el único legado de ciertos funcionarios y autoridades.