lunes, marzo 02, 2009

Caja 4


Cómo se debilita el flashmob en el caso de Guayaquil
Texto por Ana Rosa Valdez

Caja 4 es un colectivo de estudiantes de arte que desde hace algunos meses, y de forma periódica, viene transgrediendo un poco la dinámica urbana del centro de Guayaquil, a través de un tipo de acción urbana conocido como flashmob.

Según Wikipedia, esta práctica se define como “una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse a través de los medios telemáticos (móviles e Internet) y en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reinvidicativos”.

Pero pudiera decirse, a partir de una perspectiva que busca esclarecer ciertos conceptos, que el flashmob constituye más bien una visibilización del inconciente colectivo manifestado en gestos aparentemente absurdos que hacen referencia, desde una superficialidad engañosa, a determinadas zonas en conflicto de la realidad social. La forma que adquiere es la intervención en espacio público, que conlleva la desestabilización de la dinámica urbana preponderante y la representación lúdico-crítica de una inconformidad con respecto al orden social. Aunque el propósito inmediato que se plantean los autores suele ser, sencillamente, la pura diversión.

En el caso de Caja 4, se convoca al público principalmente a través de facebook y listas de correos. Los eventos que organizan tienen lugar en el centro de Guayaquil, en zonas altamente representativas como la Plaza San Francisco y el Malecón 2000, que constituyen espacios de gran valor simbólico, pero también espacios donde el ciudadano está sujeto a cierta dinámica urbana predeterminada.

Hasta el momento han realizado cinco flashmobs: “La Guerra de Almohadas”, la “Cola inútil”, “Cuadrado Negro”, la “Video Gincana” y “La Fiesta Ambulante”.

“La Guerra de Almohadas” tuvo lugar en la Plaza San Francisco. El flashmob consistió en hacer pública la intimidad de este juego, que al ser practicado masivamente por un grupo de jóvenes inquietos, provocó reacciones en las autoridades, siempre dispuestas a adoctrinar al ciudadano que falte a las “buenas costumbres”.

Con una carga conceptual mucho más profunda, “Cuadrado Negro” consistió en reunir a un grupo de individuos negros frente a la estatua de José Joaquín de Olmedo en el Malecón 2000. En este caso, el guiño a la historia del arte, que viene por la alusión al cuadro de Kasimir Malevich, “Cuadrado negro sobre fondo blanco”, funciona como recurso para activar polémicas en torno a la exclusión de ese no tan otro racial que continua siendo separado de nuestra dinámica cultural preponderante.


Para la “Video Gincana”, Caja 4 especificó que el público asistente debería llevar algún dispositivo de grabación en video. El día de la acción se entregó a los participantes un boceto de guión y un improvisado story-board con múltiples secuencias que se rodaron en ese momento. Los participantes realizaron la grabación de la puesta en escena, o documentaron el proceso. Posteriormente, los materiales audiovisuales que resultaron se han ido subiendo a youtube, engrosando las largas listas de videos que circulan diariamente en la red.

La última propuesta, realizada en enero de 2009, fue “La Fiesta Ambulante”, que tuvo lugar en Malecón 2000. La participación en este caso se debilitó bastante debido a las condiciones climáticas. Sin embargo, después de que el evento se realizara como había sido previsto, se proyectó cierta forma epigonal en los exteriores de un Café Bar de Las Peñas; en esta ocasión, intervino la policía dando término a la improvisada “fiestita”, bajo falsos argumentos que implicaban a los participantes en la violación de cierta norma sobre el uso del espacio público: la prohibición de ingerir alcohol en lugares regenerados.

Que Caja 4 recurra en ciertos casos a los referentes internacionales, como en el caso de la “Guerra de Almohadas” o “La Fiesta Ambulante”, no constituye un síntoma de mediocridad creativa, ni del afán copista o replicante tan común desde tiempos coloniales; sino que explica uno de los mecanismos de reproducción global del flashmob, el cual se fundamenta en la creación de situaciones “estándar”, fácilmente asimilables en cualquier contexto, y que de alguna manera porten significados culturales de valor universal.

Es necesario considerar que además de los flashmobs, este colectivo realiza semanalmente un Cine Foro, y sus integrantes de alguna manera se hayan insertos dentro de la producción visual del patio. Ahora bien, que los flashmobs probablemente constituyan una manifestación del statement propio del colectivo, y en particular de uno de sus integrantes, Mario Coronado, patentiza un prolífico interés por explorar los intersticios de la esfera pública y la motivación colectiva; conjunción que, a mi entender, conlleva un cuestionamiento crítico sobre los procesos de renovación urbana que han tenido lugar en la ciudad.

Caja 4 propone situaciones divertidas; pero estas acciones, más allá de amenizar una tarde-noche, manifiestan una actitud poco conciliadora con la realidad del sujeto colectivo en la escena urbana; y que lo hagan precisamente a través de acciones aparentemente irracionales y entretenidas resulta encomiable, no sólo por la ambivalencia significativa que estas representan, sino también porque la vía del reclamo social tipo protesta no es la única forma de enunciar inconformidades.

Pero a pesar de los intentos por disolver falencias, en los flashmob de Caja 4 es perceptible una ausencia de naturalidad en la puesta en escena que compromete gravemente la especificidad del medio. Sino, véase por ejemplo, cuán premeditada es la “espontaneidad” que se promueve desde la convocatoria en el facebook para “La Fiesta Ambulante”. Al no estar presente este requisito fundamental del flashmob, se pierde gran parte de su esencia como subgénero de acción urbana, porque su situacionalidad característica se fundamenta precisamente en la contingencia. Esto conduce también a la privación de ese comportamiento irracional, tan peculiar de los flashmobs, que se genera a partir de una actitud imitativa. De ahí que la acción quede circunscrita a la misma “comunidad” de amigos, compañeros y fanáticos de siempre; y que el transeúnte responda con desinterés, manifestando una profunda apatía frente a la situación creada. (Esta apreciación no excluye la presencia de mirones y algún que otro interesado, pero mi idea se fundamenta en datos cuantitativos: los participantes de los eventos mencionados no exceden los treinta –a excepción de la “Cola Inútil” que convocó a más de setenta personas-; cuando ese mismo tipo de eventos en otras locaciones del planeta puede aglutinar centenares de involucrados.)

Ciertamente el flashmob apela a la actitud imitativa presente en el sujeto colectivo. Esto se manifiesta en una sutil provocación al internauta, en la esfera pública virtual, y al transeúnte, en la esfera pública real. El estímulo se fundamenta en una invitación al desorden, que conlleva la proyección escénica del individuo en el contexto urbano. Pero en el caso de Guayaquil, el comportamiento basado en la imitación de “lo que hace el otro” se encuentra condicionado –casi inhabilitado- por la capacidad de coerción que poseen las políticas normativas que regulan el uso del espacio público.


Esto tiene que ver principalmente con que los sitios escogidos por Caja 4 pertenecen al circuito principal de la Regeneración Urbana; porque probablemente si estas acciones tuvieran lugar, por ejemplo, en barrios populares, centros comerciales o malls la recepción sería otra.

El ciudadano común que transita, digamos, en el centro de Guayaquil, probablemente inexperto en prácticas artísticas de intervención en la esfera pública, cuando es invitado a espectar una situación como “La Guerra de Almohadas” o la “Video Gincana”, no podrá menos que mirar y seguir caminando. ¿Por qué resulta tan complicado enrolarlo en el asunto? ¿Por qué no se logra su participación tan ansiada?

En nuestra realidad social, existe una conciencia generalizada sobre el uso del espacio público, que se ha ido forjando en la experiencia urbana tanto física como mediática. Esta se encuentra seriamente influenciada por estatutos poco flexibles sobre el comportamiento permitido y la correcta utilización de mobiliario urbano –por citar un par de ejemplos. Estas limitantes impiden un total comprometimiento del individuo con el lugar en cuestión, y establecen una brecha profunda entre el querer ser y el poder estar. La apatía inclusive expresa un debilitamiento del sentido de libertad que se tiene en estos escenarios. La apropiación del espacio público, al menos en el centro de Guayaquil, es realmente ilusoria. Por esto, la tentativa desestabilizadora de Caja 4 debe observarse desde una perspectiva cultural más que estética. No obstante, esperemos que al igual que ocurrió con los primeros intentos históricos del flashmob, la apatía generalizada se difumine, y esta práctica pueda desarrollarse de forma masiva, espectacular.

2 comentarios:

  1. el flashmob guayaco ha, al menos, revelado lo arcaica que es nuestra participación espontánea, la gente, en estos espacios, teme separarse de los límites de lo "normal", y asiste como simple espectadora...

    saludos

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  2. Veamos qué ocurre con la Guerra de Almohadas planificada para el 4 de abril de 2009...

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