lunes, agosto 30, 2010

Jorge Jaen - Platos a la carta - Bar mil amores (En la 18)


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 Napo en vivo: "Te conocí en la 18..."

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



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Kristian Fabre: "Super Cholo Rap"

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Jaén: Sobre los planes futuros...













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Napo: "Guayaquil..."

Mas crudo que cocido
Por Rodolfo Kronfle Chambers
Hace un par de meses recibí un correo electrónico de Jorge Jaén (Guayaquil, 1961) donde me comentaba que se encontraba considerando opciones académicas que enriquezcan su quehacer[1]. Quería mi opinión sobre enrolarse en el ITAE. No se lo dije entonces pero me produjo una cierta conmoción: “¡Se jodió!”, pensé para mis adentros. Luego de haber recomendado estudiar en el ITAE a tanto aspirante a artista sentí por primera vez que una instrucción formal y bien estructurada como la del renombrado instituto podía ser perniciosa en este caso. Después de todo no se trataba de un principiante en pos de encontrar su camino; se trataba de un artista ya rodado, con una experiencia vivencial atribulada y con un nutrido prontuario de exposiciones. Ni hablar de una extensa producción y una reputación ganada a pulso gracias a la integridad y transparencia de su trabajo.
Jaén ocupa hace años uno de los sitiales más difíciles de obtener en cualquier escena: el de ser outsider (no de pose, sino acreditado por el trajín urbano), un original y perseverante hacedor de imágenes cuya temática y estilo desafían todo decoro, todo gusto relamido, toda sofisticación y todo rebuscamiento o abstracción intelectual. Jaén es una paradoja. Es un cliché sin serlo. Encarna perfectamente la imagen del artista bebedor, dominado por los bajos instintos e inmerso en los bajos fondos de la ciudad. La diferencia está en que este es el verídico, el “mero mero”, the real deal, no la versión diluida en agua, estereotipada, del sujeto que modela su vida a partir del aquella imagen –temperamental, excéntrica y alienada- de los nacidos bajo la influencia de Saturno y de sus mitos de inspiración.
El corpus de su obra ha representado indistintamente en alegorías la patraña de la escena política, los malestares sociales, el fichero de personajes postergados, subordinados y marginales que configuran la identidad local, y las conductas soterradas que se esconden bajo la ficción de civilidad que vivimos.
Ante estas descripciones vale precisar algunos aspectos inherentes a su ética: a pesar de la crudeza de muchas de sus imágenes se puede concluir que Jaén no ha estetizado la pobreza con fines reivindicativos, ni abusado de aquella retórica como coartada justificativa de su obra. A su vez sus representaciones de la marginalidad se han fraguado en un plano muy distinto de las que se les ha endilgado la etiqueta de “pornomiseria”. La reiteración de sus imaginarios no le ha ganado prestigio social ni posicionamiento en el mercado, más bien ha sido un lastre para efecto de su legitimación institucional.
Este artista es un caso de estudio: arrastra más público que cualquier creador contemporáneo local y es acreedor de la estima de toda una escena a pesar de que sus derivas estéticas, afincadas en una figuración deformante y una expresividad grotesca, se sitúen en un plano tan distinto de las del resto.
Lo marginal en Jaén –en su obra y en su existencia- no es una elección, no es un señalamiento en la categoría de denuncia de las anomalías sociales, es una honesta descripción subjetiva del entorno conocido y vivido. Jaén no es un turista del arte que explota imágenes del inframundo y la abyección, hay que verlo más como un insider de una realidad otra quien en corto nos muestra los cromos difíciles de su álbum. En ese sentido no es político por la enunciación de una postura ideológica, es político por la afloración espontánea de su mirada producto de su vivencia cotidiana, de su sesgo íntimo, donde se presentan transparentes sus opiniones, sin decantación, deleitantes por su falta de tacto e incorrección política, como en esta apología –motivo medular de la convocatoria que nos reúne- que hace el artista sobre el valor social de la prostitución: "...si no fuera por el alivio ofrecido por esta actividad, muchas más personas estarían en riesgo de ser violadas. Las pasiones y la lujuria de los hombres en edad sexualmente activa, sobre todo, recaerían sobre ellas irremediablemente. Los abusos serían tan comunes como lo es la mentira actualmente. La violación, el incesto y otros delitos serían de una frecuencia alarmante..." 
Se dice que la realidad es más dura que una roca, y Jaén procura, sin rodeos, dar con ella pedradas en los dientes.  Tal vez sea el único artista en donde la literalidad y la frontalidad jueguen a su favor, y probablemente eso sea, paradójicamente para mi particular sensibilidad, lo que más me atrae de sus obras, siendo estos aspectos los más susceptibles de cambio bajo un régimen de instrucción académica. No se debe arreglar lo que no está roto, y una educación superior muy probablemente “pervierta” el plus que significa su crudeza.
El pensamiento salvaje
Hace poco tiempo vivimos otro episodio de la vocación necrófila del Socialismo del Siglo XXI. No contentas con repartir los restos de Alfaro, o manosear aún más el (supuesto) esqueleto de Bolívar, las revoluciones regionales teatralizaron unas pompas fúnebres para Manuela Sáenz, procurando descentrarla de la condición histórica de amante del Libertador. Se rindieron pródigos honores castrenses por doquier a una urna llena de tierra –trucando por mugre los restos de la “insepulta de Paita”- que luego de las solemnes ceremonias fue depositada junto al General, como acolitando un apasionado concubinato eterno, que aparenta consumar –en un clímax de ultratumba- la alianza venezolana-ecuatoriana del presente. 
Instituciones culturales locales no dudaron en validar la pantomima, invitando a varios artistas a reflexionar sobre la heroína: la obra más memorable y (des)atinada fue la de Jaén, quien logró una monumental representación en escala heroica de Manuela, prácticamente en pepas y ataviada como dominatriz (Manuelita la chepona fue el título preliminar), acentuando desfachatadamente justamente aquellas características que la manipulación simbólica de la ideología dominante pretendía alterar. Sospecho que sólo el carácter performático de la producción de la obra (Jaén pintando aquella lona sobre el piso del museo sin que se conozca su contenido) lo libró de una censura preventiva. De aquellas el artistas sabe bastante.
Ahora le toca peregrinar a esta Manuelita a la 18, como se conoce a la Calle Salinas, epicentro de la más infamemente célebre zona de tolerancia de Guayaquil. La obra titulada La puta preferida de Bolívar (2010) engalana esta vez las paredes de un prostíbulo, el Bar Mil Amores, acompañando la producción de Guayaerótica (2009-2010), una nueva encarnación de su participación en la reciente Bienal de Cuenca que consistió en abrir una cantina de baja ralea instalada en un sótano donde público, artistas, curadores y jurados se excedieron por las noches. Contrario a lo que me esperaba el resultado de su propuesta estuvo lejos de ser un simulacro. Si en algo se convirtió –sin querer queriendo- la experiencia de aquellas jaranas, más allá de la delirante ambientación que proveían las profusas representaciones sexuales que cubrían obsesivamente el lugar, es en un eficiente y exacerbado ejemplo de lo que en el mundo del arte contemporáneo se ha venido a conocer como estética relacional, aquella que produce, promueve y activa experiencias participativas entre individuos, restableciendo vínculos de sociabilidad.
Hay autores como Clare Bishop (Antagonismo y estética relacional, 2004) que cuestionan algunas de estas prácticas cuando las mismas no generan fricción alguna, preguntándose sobre la intencionalidad que motiva estas interacciones humanas. Creo que en el caso de Jaén consigue lo que persigue: la convivencia de mundos disímiles sin que se generen las exclusiones propias de los espacios artísticos institucionales, la horizontalidad del trato bajo ciertas circunstancias que obliteran jerarquías sociales, intelectuales, etc., y el darse un cierto gusto personal en “sacarles el monstrito escondido” a los participantes.
La exposición Platos a la carta de Jaén, que reúne estas obras sumadas a proyecciones e “intervenciones poéticas de las prostitutas”, se vertebra a través de una visualidad que “celebra el placer del gozo sexual”, según nos refiere el artista. Una conjunción de características edénicas y decadentes, basadas en la auto expresión, el desenfreno de los sentidos y la renuncia de la moralidad convencional. No se debe obviar sin embargo otro aspecto, menos optimista, de esta invitación que nos hace el artista. Jaén nos brinda una rarísima oportunidad para ir slumming, aquella “práctica motivada por la curiosidad y un sentido de aventura de visitar establecimientos de diversión destinados a gente de un nivel socioeconómico muy por debajo del propio” (¡definición de la Wiki!), pero que nos embarca también a un paseo turístico –movilizados en una festiva chiva- hacia nuestro propio patio trasero, una excursión a lo que para no pocos asistentes serán ya los extramuros de la ciudad conocida.
La experiencia de visitar el tugurio jugará de diversas formas con los afectos de cada quien, despertando en nosotros los cínicos inclusive la sospecha. Pero estas líneas se escriben con antelación al hecho y prefiero abordar la invitación de manera desprejuiciada; lo único que puedo pensar es que en ella se abandonarán totalmente los velos y filtros de la representación, las seguras distancias en que se suspenden las mismas pinturas que vamos supuestamente a espectar en las paredes. Queda flotando la pregunta (como si el artista nos estuviera gastando una broma perversa) si esto es una inserción del arte en la esfera pública o una inserción de la realidad de la esfera pública en los amantes del arte. Su sentir, sin embargo, se expresa de forma sencilla y sin vericuetos: “Pretendo nada más cargar un poco las tintas con el fin de que todos juntos reflexionemos acerca de esta condición humana que nos lleva a una cierta miopía en la voluntad, que provoca en nosotros un defecto por el que somos incapaces de buscar los placeres a largo plazo (debido al esfuerzo que comportan), y nos quedamos en placeres inmediatos, efímeros y superficiales. Vale la pena esperar por los bienes más valiosos, vale la pena educar la voluntad para encontrar con su recto ejercicio la felicidad de obrar siempre de un modo más humano.”
El sistema del arte contemporáneo, en el vértigo de la maquinaria institucional y económica que lo sostiene y enmarca, brinda pocas oportunidades para tocar temas inherentes a la integridad de la práctica artística. Vale a propósito de esto invocar las profundas reflexiones de Jean Dubuffet: “Aquellos trabajos creados a partir de la soledad y a partir de puros y auténticos impulsos creativos –donde las preocupaciones por la competencia, el aclamo y la promoción social no interfieren- son, por estos mismos hechos, más preciosos que las producciones de los profesionales. Luego de una cierta familiaridad con los auges de una febrilidad exaltada, vivida tan plena e intensamente por sus autores, no podemos evadir el sentimiento de que en relación a estos trabajos el arte cultural en su totalidad parece el juego de una sociedad fútil, una comparsa falaz.”
Este artista sostenía que la “cultura”[2] (refiriéndose a sus formas dominantes, el mainstream, el estatus “profesional”) asimila todo nuevo desarrollo artístico despojándolo de cualquier poder que pudiese tener, asfixiando la expresión genuina. En su razonamiento solo los artistas que se resisten a ser asimilados por aquella cultura pueden estar inmunes a este efecto. ¿Podrá Jaén resistir? ¿o su fina salsa mutará hacia el reggaeton?
Guayaquil, 20 de agosto de 2010

[1] Salvo varios talleres que han contribuido primordialmente al perfeccionamiento de recursos técnicos (con Manuel Ugarte y Hernán Zúñiga, entre otros) el artista no ha tenido estudios formales en artes visuales.
[2] Recomiendo la lectura de su imprescindible ensayo Asphyxiante culture (1986).

1 comentario:

  1. Con relación a este evento, me llegó esto al mail:

    Es importante tomar en cuenta que para abordar esta temática no se habla de un mundo fácil de goce y placer, que es la figura que socialmente se tiene de la prostitución (sobre todo el de la prostitución femenina). No, se habla de un mundo cruel, donde la violencia y la total falta de consideración por la condición humana de una persona agudizan un estado general de abandono y postración en vida de estas personas, que deben correr un sinnúmero de riesgos para subsistir, soportando vejaciones y humillaciones de una sociedad que las segrega y estigmatiza, asociándolas generalmente con el crimen y la vida disipada e irresponsable. Además, puede observarse de modo particular en el caso de las TSC mujeres, que éstas desarrollan en la mayoría de los casos una doble existencia, donde modifican su identidad, pues operan socialmente con otro nombre y otros datos, practica permanentemente simulacros de amor y antepone barreras sensoriales y afectivas a sus deseos, dado lo furtivo y banal que terminan siendo sus encuentros sexuales. En definitiva, queda claro que contrariamente a lo que se cree, ellas no sólo exponen su cuerpo.

    También es importante considerar que mientras los impulsos sexuales del hombre y la mujer sigan constituyendo una de las necesidades más fuertes de la naturaleza existirá la prostitución. Es una situación lamentable, indudablemente, y sin embargo no puede ser considerada un delito, no teniéndose por tanto justificación para considerar a la persona prostituida con desprecio y odio. Si no se solicitaran sus servicios, y si no llenara una necesidad definida, esta actividad no existiría. Si no fuera por el alivio ofrecido por esta actividad, muchas más personas estarían en riesgo de ser violadas. Las pasiones y la lujuria de los hombres en edad sexualmente activa, sobre todo, recaerían sobre ellas irremediablemente. Los abusos serían tan comunes como lo es la mentira actualmente. La violación, el incesto y otros delitos serían de una frecuencia alarmante.

    "Los Derechos Humanos son literalmente los derechos que una persona posee por el simple hecho de que es un ser humano" (DONNELLY 1994: 23). Es decir, todos tenemos derechos humanos sin distinción de ningún tipo, sea de raza, sexo, actividad laboral, edad, condición social, religión, adhesión ideológica, etc

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