Friday, July 08, 2011

Larissa Marangoni - Perturbadora Belleza









FOTOS: RICARDO BOHÓRQUEZ
reseña de la muestra
Perturbadora/Belleza
Larissa Marangoni

NoMínimo - Guayaquil

Por más que ella vaya reduciendo con el tiempo explicitud en las formas, el discurso sexual que habita en la obra de Larissa Marangoni es innegable. Ahí están, las inquietudes que a lo largo de su carrera han sido manifestadas, como aquellas exploraciones del propio cuerpo, el ego femenino, la imagen de delicadeza que sin querer queriendo se ha constituido como el cuerpo de un mártir.

Perturbadora Belleza, comenzando por las dimensiones a las que se atienen las obras, es quizás la obra más sutil y discreta de la artista. El contraste mas elevado es el que tiene con su anterior exposición “Yo si me he mirado”: un pulpo gigantesco de tuberías rosadas que se apodero de las salas del Museo Municipal. Esta vez, en la galería NoMínimo se percibe otra cosa: las obras parecen ser un gesto que denota una nueva ansiedad, al que ella misma atribuye sus nuevos cambios existenciales, hormonales, emocionales.

Las impresiones de células cancerígenas obtenidas de una prueba salida de un útero enfermo se magnifican en sus dimensiones hasta poder ver texturas realmente hermosas. El que estén impresas en  canvas es un atributo gratis, refleja sin embargo de manera clara el ejercicio al que está acostumbrada Marangoni dentro de su labor en APROFE: Como una forzada Voyeur se inmiscuye en el dolor de los demás. Conmueve sobre todo, aquel distanciamiento particular de Marangoni del tono vivencial que ha acompañado a cada una de sus conocidas obras (tal es la distancia que hasta ni las obras llevan título). El conjunto de impresiones en Perturbadora Belleza explora el cuerpo del otro, en todo sentido del verbo.

Aquí se entabla un diálogo con el entorno clínico, al que también introduce, por ejemplo, Damien Hirst y sus populares instalaciones Waste (twice) y Looking forward to a Complete Supression of Pain (ambas,1994). Si bien los intereses de Hirst perfilan en otros lares, se encuentran similitudes retóricas con esta Perturbadora Belleza; las posibilidades y límites de la medicina contemporánea, el cuestionamiento a la tradición de representación del cuerpo, exagerando sus funciones didácticas, sus reacciones patológicas, y por fin, la muerte como una presencia subliminal, en el umbral de la obra de Hirst tanto como de Marangoni. Se podría decir que en las impresiones de la artista no se podrían obtener dichas texturas si no fuesen bajo un microscopio, es decir, separadas del organismo vivo.

El enfermo es también una figura recurrente en los artistas desde la modernidad; los expresionistas Max Beckmann y Ernst Ludwig Kirchner se retrataban a sí mismos en estados deplorables. La furia que se visibiliza en los primeros movimientos feministas se constituyó así, protegiendo una vulnerabilidad bastante herida, el gender trouble aparece. Se podría generalizar y decir también que la psicología ha dominado la sexualidad del siglo veinte.

El cáncer impregna la obra de Hannah Wilke (1940-1993): una serie de retratos de su madre decayendo en estado terminal, y años después, autoretratos de ella misma padeciendo el mismo sufrimiento. Intra-Venus es la obra  Wilke que concentra estos elementos: el cáncer y los momentos más vulnerables. Wilke, la más atractiva de todas las activistas del feminismo, fue como ella misma diría “presa del propio feminismo”, criticada por “narcisicista” o “muy guapa para ser feminista”.

La revaloración del cuerpo oprimido, tan particular en la obra de Wilke, se divisa en las esculturas impolutas de Marangoni que se incluyen en Perturbadora Belleza. Vasijas alargadas, una sobre otra sostienen una tetera en su cima; un cántaro con nariz en forma de tubería; formas orgánicas e industriales se mezclan entre sí. Lo que parecieran ser diferentes materiales, están homogenizados, cubiertos por una porcelana blanca (sugiriendo delicadeza, elegancia). La artista partía desde la idea de la metáfora de una mujer como recipiente del mundo.

Esto es quizás el vinculo mas fuerte con la practica escultórica que ejerce Marangoni desde su formación en la costa este de Estados Unidos, la que comienza con radicales manifestaciones alrededor de la sexualidad: genitales, fragmentos corporales, metáforas eróticas con la naturaleza, abstracciones que no dejaban de aludir al cuerpo, a una sensualidad aparentemente libre.

Hoy Larissa Marangoni argumenta en sus nuevos roles aburguesados de madre y mujer madura, algo de lo cual parecía no estar interesada en definir, en la ambigüedad femenina en la que ella experimentaba. “La exposición no representa una cátedra de moral, solamente es la unión de varias propuestas visuales que Marangoni ha materializado a partir de sus inquietudes personales” se dijo a la prensa (diario El Universo, 29/06/11). La artista idealiza nuevamente a la figura de la mujer intocable, inalcanzable (una imagen con la cual se contentan los de Guayaquil antiguo), desconcertándonos entre “pureza” en sus instalaciones ornamentales y las impresiones magnas de células de descomposición humana. La fuerza que emanaban obras pasadas parece haberse apaciguado. Por mas de que Marangoni objetivice lo bello de estas imagenes, lo perturbador es que nos arrastran hacia un momento existencial, recordandonos el vinculo humano hacia estas. El discurso alrededor de la vulnerabilidad de la mujer resulta al final no más que su retorno al moralismo, no por instinto, sino por costumbre.


María Inés Plaza Lazo

Una sala de espera, 6 de julio, 2011 

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