viernes, julio 27, 2012

Salón de Julio 2012 / Museo Municipal, Guayaquil

 


53º Salón de Julio Pintura Fundación de Guayaquil
169 propuestas
21 obras seleccionadas

Jurado de Preselección
Juan Pablo Toral (Ecuador)
Hellen Constante (Ecuador)
Billy Soto (Ecuador)
Jurado de Premiación
Hernán Pacurucu (Ecuador)
Fernando Farina (Argentina)
Elizabeth M. Grady (Estados Unidos)
Directora del Salón
Larissa Marangoni 

PRENSA



José Hidalgo Anastacio
Green Gradient
Lápiz grafito y lápiz de color verde sobre papel
290 x 295 cms


Stéfano Rubira
Transmisión
Lápiz, acrílico y polímeros sobre lienzo
20 x 50 cms cada panel




MENCIÓN DE HONOR
Juan Caguana
M2
Acrílico/tinta sobre tablero, masilla
300 x 245 cms





Oswaldo Terreros
Mural para la Universidad Superior de las Artes
Óleo
190 x 300 cms






Fabio Bajaña Constante
El ministro de la palabra
Hojas de la Biblia
190 x 240 cms



Pedro Gavilanez
Orgía
Óleo y laca acrílica / lienzo
225 x 225 cms


Wilson Paccha Chamba
La Atlántida
Acrílico / lavabo metálico
58 x 38 x 15 cms


SEGUNDO PREMIO
Anthony Arrobo
2A0
Minas de grafito sobre vidrio
183 x 193 cms

Saidel Brito
La victoria sobre el sol
Grabado en vidrio
214 x 300 cms



René Ponce
Celestial y político
Acrílico/Cartulina
100 x 70 cms



PRIMER PREMIO
Jimmy Lara
Hypómnema
Fotografías despigmentadas sobre mdf
160 x 277 cms



MENCIÓN DE HONOR
Jorge Velasco Granizo
Que es qué mismo que se debe hacer para revolucionar los hogares de hoy en día
Vinilo blanco, impresión y dibujo
270 x 290 cms


TERCER PREMIO
Danny Narvaez
Hábitat Biodegradable
Plástico diluido, acrílico y óleo
100 x 150 cms


MENCIÓN DE HONOR
Harold Maridueña Alvarado
Vaivén
Bolígrafo
35 x 50 cms










Lo bueno, lo malo, lo feo y lo escandaloso. Algunos pensamientos sobre el Salón de Julio 2012.
Por Rodolfo Kronfle Chambers

LO BUENO

* Las obras dignas de ser expuestas dan cuenta de una saludable pluralidad de abordajes a la pintura. Desde nuevos formalismos hasta trabajos con trasfondo político y social. Se respira un bienvenido ambiente de experimentación y desafío.

 * La presencia del ITAE vuelve a ser dominante, demostrando una vez más lo positivo que ha sido esta institución para el arte local. No podemos proyectar lo que depare el futuro con claridad, pero soy escéptico de los resultados a obtenerse en la naciente Universidad de las Artes si se margina la experiencia y el recorrido de este centro de estudios. Subordinarlo dentro de una nueva estructura no solo es un despropósito, sino una injusticia rampante.

LO MALO

* Un exceso de obras mediocres. 10 piezas de las 21 admitidas sobran. ¿Hasta cuándo la condescendencia? Lo que el Salón necesita es rigor… no amor, comprensión y ternura.

* Falta de transparencia en el proceso: no hay excusa para no implementar un blog donde se puedan revisar todas las obras participantes. Ya se hizo en los años 2009 y 2010 por la directora de aquel entonces Pilar Estrada, ahora es inclusive más fácil hacerlo ya que el envío inicial fue en formato digital. Con la polémica del año pasado en torno a la censura y a la re-implementación arbitraria y sin justificación de un jurado de admisión se anuló a su vez esta suerte de veeduría pública sobre el proceso. Estas cosas empañan la imagen del Museo: si todo se hace en regla no deberían temer a esta apertura. Como historiador de arte encuentro que el blog es, además, una herramienta muy valiosa para analizar las derivas creativas de un momento determinado, más allá de los méritos de las obras.

* Que alguien me explique por qué se necesitan un jurado de admisión y uno de premiación. Conozco bien el proceso y durante casi una década un solo jurado internacional pudo hacer el trabajo perfectamente bien. De esta forma un solo grupo de personas tenía la responsabilidad integral de la muestra. ¿Acaso les gusta gastar más dinero en honorarios del que se requiere? ¿O es por algún otro motivo? Que no me vengan con el cuento de que es para “facilitar” la tarea…¡pamplinas!

* No se aprovecha en el montaje la declaración (statement) que se le solicita a los artistas para acompañar a las obras. De la misma manera en que este texto es útil para los jurados, en tanto les otorga claves de interpretación y elementos de juicio, le sirve también al público que visita el Salón, mejorando la experiencia del espectador. Esto es de elemental y fácil implementación.

* Se sigue dificultando el acceso a un diálogo con los jurados en torno al Salón mismo. Debe existir un foro luego de que se conocen las obras admitidas para poder conversar con el jurado acerca de lo que han visto, sus apreciaciones, etc. El actual sistema de “inaugura y sal volando” está diseñado para blindar al Salón de cualquier discusión y diálogo productivo. Esto no es saludable. De esta manera no se aprovecha el valor de los jurados, todos queremos saber qué piensan de lo que han visto.

LO FEO

* Que las bases del Salón insistan de manera necia e innecesaria en una actitud de censura. Solo a un oligofrénico habría que especificarle que “no se aceptarán propuestas cuyo contenido sea pornográfico, es decir obsceno”. Para determinar el valor cultural de las obras está el jurado de turno, si se admiten obras problemáticas para ser abordadas por menores de edad estas se disponen en una zona de acceso restringido, problema solucionado. Ya paren esa cantaleta torpe. Encuentro incomprensible que quien funge de directora del Salón (y que el año pasado fue miembro del jurado), mi amiga Larissa Marangoni, que me ha expresado que no está de acuerdo con esto, no deje sentado por escrito su recomendación en el veredicto. Es el único documento donde se puede constatar que alguna gestión se ha hecho al respecto, solo así se demuestra una verdadera voluntad de cambio. No hacerlo es adoptar una actitud cómplice. Ya sabemos que complacer a todo el mundo todo el tiempo conduce al desastre. Además esta responsabilidad consta en las bases dentro de sus funciones: “[el presidente del jurado] sugerirá además, en función de una constante actualización y perfeccionamiento, revisiones de la convocatoria, las bases y el registro de inscripción, tomando en cuenta las experiencias y comentarios de los salones anteriores.” Espero que la directora del Salón en esta edición aprecie la franqueza con que me expreso tanto en público como en privado.

La misma crítica se la traslado a TODOS los miembros del jurado: estoy seguro de que no concuerdan con la forma como se plantea el tema. A todos ellos los invito a dejar su comentario al respecto en esta página.

* Lo más saludable que le ocurrió al Salón fue cuando años atrás se decidió que todos los jurados sean extranjeros. Esto tiene tantas ventajas que sobra explayarse en ellas. Incomprensiblemente retrocedieron desde la edición pasada incorporando a un local en el jurado de premiación. Hernán Pacurucu (quien terminó reemplazando a Lenin Oña) sabe que mi comentario no tiene nada personal, esto es un tema de conceptos no de individuos.

LO ESCANDALOSO

* Trato siempre de evadir comentar sobre el orden de los premios, pero en esta ocasión me urge hacerlo. La obra de Saidel Brito es, a mi juicio, de largo la mejor del Salón. El hecho de que ni siguiera haya obtenido una mención es ESCANDALOSO: una vergüenza sin justificación alguna y que solo me impulsa a especular que se hayan dirimido consideraciones extra-artísticas que van más allá del análisis de la obra. En similares líneas la obra de Oswaldo Terreros me genera un interés infinitamente superior a todas las menciones por ejemplo, pero tal vez la sátira implícita a la Universidad de las Artes haya causado algún escozor, alguna incomodidad.

* ¿Hasta cuándo se permite que el Director de Cultura y Promoción Cívica de Municipio, que NO forma parte del jurado, meta cuchara en las decisiones de los jueces? Más allá de tener que respetar las bases es evidente que alguien que no tiene una formación en artes visuales, menos aún conocimientos sobre arte contemporáneo, pueda determinar qué se puede considerar o no pintura. Una buena fuente me comentó que si se hubiesen consumado los criterios conservadores del Arq. Melvin Hoyos la obra de Anthony Arrobo que obtuvo el segundo premio hubiese quedado excluida, por tan solo citar un caso. También hubo que “negociar” la inclusión de la obra de Juan Caguana quien finalmente obtuvo una mención, esto lo puede confirmar el mismo autor. Otras obras que habían sido admitidas por el jurado de selección no se salvaron, y se tiene el cinismo de detallar en las bases que “el jurado de admisión actuará con plena autonomía”. Aunque traigan jurados del planeta Marte esta información se filtra y siempre se llega a conocer. No cuestiono la solvencia que pueda demostrar el Arq. Hoyos en otras áreas de la Dirección de Cultura y Promoción Cívica, pero en arte contemporáneo zapatero a tus zapatos.

Guayaquil, 27 de julio de 2012


Cartel en el Centre Pompidou, Paris (foto:RK)


Cartel en el Palais de Tokyo, Paris (foto:RK)

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COMENTARIO RECIBIDO EL 29/07/2012:


Ampliamente conocido en el medio artístico es el interés de una gran mayoría de participantes por el premio económico del Salón de Julio mas que por su relevancia curricular. Lo cual habla por si…

Por momentos pienso que somos cómplices de la mediocridad por el mero hecho de darle un espacio de pensamiento al evento, en otras instancias, en cambio, me contradigo. Finalmente me inclino por lo primero…a pesar de ello valoro a quienes dan su esfuerzo por un legítimo cambio pues no deja de ser el evento mas relevante del país, lo cual también dice mucho…

Con todo, la opinión de Rodolfo Kronfle sobre la obra de Brito y Terreros salta a la vista. ¿Mezquindad del medio por decir lo menos? En fin, al final del día poco o nada importa – solo cuestión de dinero.

Hasta que los zapateros no se dediquen a sus zapatos seguirá siendo un Salón de provincia mas que de una ciudad regenerada.

David Pérez-MacCollum

http://eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=50697&Itemid=30

Tomada de la edición impresa del Martes 21 de Agosto del 2012

LA GENTE NECESITA ENFRENTAR EL ARTE SIN PREJUICIOS, DICE CURADORA

“En Guayaquil, las instituciones culturales están en su peor momento”

La crítica cubana Lupe Álvarez afirma que ahora el arte, a nivel mundial, ha tenido un importante giro hacia el público.
 

María Guadalupe Álvarez, directora del Departamento de Investigación del ITAE. Foto: Marcos Pin |  El Telégrafo
María Guadalupe Álvarez, directora del Departamento de Investigación del ITAE. Foto: Marcos Pin | El Telégrafo
José Miguel Cabrera Kozisek
Llegó al país hace quince años y pronto tomó un lugar dentro de la escena artística. María Guadalupe Álvarez es una curadora cubana que en algún momento estuvo involucrada con el proyecto del Museo Antropológico de Arte Contemporáneo (MAAC).
En 2004 empezó a dar clases en el naciente ITAE, instituto que poco después se convirtió en referente artístico de Guayaquil y del país. Fue profesora y ahora colega de Jorge Aycart, polémico personaje que hace algunos días dio una “espinosa” entrevista a este diario sobre el cine en Ecuador.
El lunes 13 de agosto dirigió una conferencia donde apuntaba a definir qué es arte, y aunque empezó aclarando que el término no se puede delimitar, atina a establecer nociones en qué apoyarse.
¿Qué piensa de las palabras de Jorge Aycart sobre el cine ecuatoriano?
Aycart se mostró un poco inmaduro en sus declaraciones, que no están suficientemente meditadas, y se refería a una palestra con muchas expectativas, como la del cine en Ecuador, que es uno de los estamentos culturales que más madurez ha mostrado en su manera de producir en el país. En ese contexto, un juicio demasiado rápido y tal vez ligero puede causar muchísimos resquemores.
Sin embargo, hay temas que podrían discutirse…
Hay muchísimas cosas que deben someterse al escrutinio y al debate público. De pronto el primer juicio no debió ser el de Aycart; pero él lo inició y eso debe continuar.
¿Qué temas deben sobresalir y debatirse de lo dicho por Aycart?
Está en pie el tema de la industria cultural y, particularmente, del cine, alimentado desde el aparato estatal. Eso se debe discutir, es un tema muy importante. Yo extraño ese tipo de debates y lamento que con tantos intelectuales alrededor no se haya mostrado antes.
En la conferencia que dictó en NoMínimo, el 13 de agosto, hizo una serie de citas de artistas y críticos. Entre ellas, una que exponía que el arte se legitima desde el propio mundo del arte. ¿Se debe entender eso como la academia?
No. Existen diversas corrientes y grupos artísticos que se desarrollan incluso en franca antagonía con la academia. El arte se legitima por discursos influyentes, debates influyentes, personas influyentes, problemáticas influyentes desde el mundo de la cultura. Hay muchísimos factores que otorgan esa legitimación.
Pero la legitimación a veces la dan unos, y otros no, y viceversa…
No podemos pensar que el mundo del arte es homogéneo. Hay propósitos de buscar experiencias y de tocar las llagas más sensibles de la vida social, cultural o íntima, hasta los más autorreferenciales, donde para disfrutar, en el sentido amplio del término, necesitamos tener fondos de contraste. Somos sujetos culturales, sociales y políticos, en el sentido sensible, subjetivo del término. El antagonismo genera altura. Un antagonismo en el que no hay que colocarse como enemigos, sino que permita la salida a la palestra pública de criterios profundos que son diferentes perspectivas de ver el mundo. Y eso es legítimo.
Se suele pensar que el acceso a los sentidos que ofrecen los fenómenos artísticos se reserva para quienes estudian arte…
Ah, no. Ese es un estereotipo lamentable. Pensar que el espectador sea incapaz es una visión paternalista. Convencionalmente hablando, se piensa que la gente es tonta. ¡Y la gente no es tonta! Sólo necesita enfrentarse sin prejuicios a los fenómenos artísticos.
Entonces, ¿el ciudadano no vive las experiencias que plantea el arte porque tiene prejuicios?
Existe el estereotipo de que el entretenimiento no es consumo cultural. Incluso en las maneras más convencionales, hay frentes que se han especializado con solvencia en ese formato. Uno no tiene nunca las mismas expectativas sobre un producto artístico. Hay cosas para las que uno tiene un momento. Yo no me dedico al arte ‘full time’.
También veo las series que ve mi hija en la tele, “iCarly” y esas cosas. Disfruto tanto de una película de Clint Eastwood, que me toca la sensibilidad más profunda, o las más sofisticadas de Pedro Costa, Kaurismaki o Tarkovski, o de los cineastas latinoamericanos más vanguardistas.
¿Por qué existen esos prejuicios?
Nos hemos formado con una noción de arte que inclina a buscar significados. Desde la mitad del siglo XX para acá hay muchísimas facetas del arte que buscan experiencias y no significados, y asentar situaciones de malestar, preguntas, incomodidades, asombros. Lo que pasa es que son más fuertes los prejuicios para dar lecturas al arte, que la experiencia que realmente se está teniendo y que no se puede poner en palabras, en discursos.
Se cree que hay un divorcio entre el artista y el espectador...
Los artistas no son los únicos responsables. Acostumbramos a pensar que el mundo del arte es la academia
¿Igual en Ecuador?
No se puede hablar de Ecuador en un sentido abstracto. Quito se ha venido desarrollando cultural y artísticamente de manera significativa. Hay instituciones que apostaron seriamente por la producción cultural, tratando de generar un aparato de extensión, de difusión, de trabajo cotidiano con públicos. Este último está en primer término: uno de los giros más importantes que ha tenido el arte hoy, no sólo en Ecuador, en el mundo, es el giro hacia el público; no para satisfacer ni para entenderlo de un solo modo, sino para comprender que estos elementos tienen que estar en una constante relación productiva.
¿Qué instituciones son esas?
En Quito, el CAC (Centro de Arte Contemporáneo), la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), muchísimos espacios independientes, una plataforma de trabajo en la red, como lo que hace Maribel Moncayo con su video-arte (que ahora mismo sufre de falta de posibilidades de sostenerse), la propia galería que tiene FLACSO desde la academia.
¿Y en Guayaquil?
Hace quince años que llegué a Guayaquil y las instituciones culturales están en su peor momento, con pocas excepciones. Las instituciones siguen siendo el punto más precario, con menos posibilidad de enunciar un trabajo con proyección. El MAAC está ‘out’; el Museo Municipal… sabemos todos los problemas que tiene por la manipulación de sus eventos; la Casa de la Cultura es nula. Siempre se han movido más los espacios independientes.
¿Qué espacios?
DPM (Galería David Pérez McCollum), que ha apoyado a la gente joven; se está moviendo NoMínimo, marcando un espacio de importante gestión, con su público, sus audiencias, su lugar. En cine está Fernando Mieles. “Descartes” es uno de los productos cinematográficos que más respeto de Ecuador. En Guayaquil hay una producción importante desde la fotografía, desde otros espacios culturales independientes menos visibles: revistas, ilustradores. Hay cantidad de aportaciones importantes… Y tenemos al ITAE, donde también estamos en una situación precaria: los profesores estamos impagos hace algunos meses.
¿Expectativas en torno a la Universidad de las Artes?
Esperemos a que llegue. Se pueden tener expectativas cuando uno conoce un fenómeno, pero la forma en que ha salido a la esfera pública la información de la Universidad de las Artes ha sido francamente desastrosa.
¿Les preocupa?
Por supuesto que nos preocupa. Porque no tenemos todavía nada claro con respecto a la continuidad de estudios, y eso es algo que no se puede tratar aquí y ahora.  Creo que es  un tema que hay que tratar. Amerita una discusión.


http://eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=51012&Itemid=30


Tomada de la edición impresa del Jueves 23 de Agosto del 2012

EL MUSEO MUNICIPAL EXIGE UNA EXPLICACIÓN

“Que Lupe Álvarez defina de qué manipulación habla”

No somos políticos. El museo es una casa abierta. Miren a los premiados del Salón de Julio 2012.
 

El director del Museo Municipal, Víctor Hugo Arellano, durante la entrevista. Foto: Miguel Castro |  El Telégrafo
El director del Museo Municipal, Víctor Hugo Arellano, durante la entrevista. Foto: Miguel Castro | El Telégrafo
Redacción Cultura
El director del Museo Municipal de Guayaquil (MUMG), Víctor Hugo Arellano, respondió a lo dicho por Lupe Álvarez en una entrevista publicada el martes en El Telégrafo.
Según Álvarez, las instituciones culturales de Guayaquil están en su peor momento, entre esas, el MUMG, del cual dijo que  tiene problemas “por la manipulación de los eventos”.
Además de Lupe Álvarez, Cristóbal Zapata y Rodolfo Kronfle critican las últimas ediciones del Salón de Julio: por el doble jurado (preselección y premiación) en 2012 y las obras retiradas (2011) por su contenido sexual. ¿Cómo explica esto?
El Municipio necesita que Lupe Álvarez defina lo que es la manipulación de eventos (en plural) del Museo Municipal. Tenemos muchos de toda índole para todo tipo de públicos: musicales, teatrales, folclóricos, de música clásica, en enero viene la escuela de Euro Diseño. Ella debe explicarlo públicamente. Caso contrario, tendremos que tomar acciones, porque es una calumnia.
¿Y sobre lo que se ha citado con respecto al Salón de Julio?
No puedo expresarme hasta que Lupe Álvarez no deje claro a qué se refería. Los otros eventos no han sido comentados y tenemos una audiencia importante. El museo tiene su nombre, su categoría, y la gente va en grandes cantidades.
Indicó que el MUMG busca reforzar la identidad y el orgullo de los guayaquileños ¿no convierte eso al arte en una herramienta política?
Buscamos que sepan por qué son guayaquileños y brindamos sustento histórico, artístico, antropológico. No somos políticos. El museo es una casa abierta. Miren a los premiados del Salón de Julio 2012.
Rodolfo Kronfle aplaude esa pluralidad, pero también plantea los asuntos que ya se mencionaron...
No vine a eso, sino a preguntar en qué contexto Álvarez habla del museo.
Es lo que se comenta desde la prensa y las esferas del arte. El Salón de Julio es el evento más importante del MUMG, y ha tenido este tipo de decisiones unilaterales. ¿No podría verse como manipulación?
Yo no estuve en ese momento. No puedo opinar de eso. Habría que preguntarle al Arq. Hoyos qué fue lo que dijo.
Hoyos dijo que no permitiría obscenidades. Usted ya era director del MUMG. El reglamento habla de un jurado autónomo, pero si el director de Cultura del Municipio interviene, queda en entredicho la autonomía.
No puedo hablar por mi jefe.
¿Jamás conversaron de ese tema?
No he dicho eso.
Entonces, ¿cuál es la versión oficial?, ¿está bien vetar esas obras?
No estuve cuando lo dijo Melvin. Me pregunta sólo del Salón de Julio, pero hay eventos durante el año.


http://eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=51519&Itemid=30



Tomada de la edición impresa del Martes 28 de Agosto del 2012

EXISTE UN DÉFICIT DE AUDIENCIAS MUY GRANDE PARA EL ARTE

“Inspiran más respeto ahora los espacios independientes”

Rodolfo Kronfle habla del espacio y las instituciones involucradas con el escenario artístico guayaquileño.
 

Rodolfo Kronfle Chambers, curador e historiador de arte. Foto: Cortesía
Rodolfo Kronfle Chambers, curador e historiador de arte. Foto: Cortesía
José Miguel Cabrera Kozisek
Rodolfo Kronfle es uno de los más conocidos curadores de arte a nivel local. Ha estado involucrado en el desarrollo artístico en la ciudad durante la última década. Desde Río Revuelto, su bitácora virtual, realiza constantes análisis de las manifestaciones artísticas en Guayaquil y Ecuador.
Allí ha reseñado la obra de los actuales exponentes del arte contemporáneo. Entre sus curadurías más recientes están “Playlist: grandes éxitos del arte contemporáneo del Ecuador”, muestra paralela a la Bienal de Cuenca (2009) en la Casa de la Cultura de Azuay; la retrospectiva de Eduardo Solá Franco (2010), en el Museo Municipal (MUMG); y “Pasado Imperfecto” (2011), que abordaba trabajos de videoarte ecuatoriano. El mismo año  publicó “Historia(s)”, una reseña del arte contemporáneo nacional en el período 1998-2009.
Tina Zerega comentaba alguna vez que en Guayaquil hay un panorama más bien hostil para las manifestaciones artísticas, sin espacios suficientes. En “Historia(s)”, usted se acerca a esa apreciación, ¿podría describir el escenario?
Sí, creo que muchas de las discusiones -particularmente las que se dieron con el proyecto naciente del MAAC- tenían que ver con una lucha por los pocos espacios culturales que había en la ciudad. Eso dio pie al nacimiento de una serie de iniciativas independientes que se planteaban  en contraposición a la institucionalidad cultural local. Hoy en día esos espacios independientes son más fiables e inspiran más respeto.
¿Qué espacios son esos?
Espacio Vacío, por ejemplo, y galerías como NoMínimo y la misma DPM, que ha actuado más como un centro de cultura contemporánea, que como un espacio meramente comercial. La plataforma virtual que yo dirijo -Río Revuelto- está insuflada del mismo espíritu.
¿Qué hay con las instituciones oficiales?
Los espacios como el Museo Municipal y el MAAC han sido tremendamente irregulares y han demostrado alta dosis de mediocridad, más allá de los momentos en que se pudieron gestionar proyectos interesantes y esperanzadores con ellos.
¿Cómo argumenta esto?
Son críticas ya señaladas con punto y coma en muchas ocasiones, por mucho tiempo y por diversos actores de la escena local. Basta recordar los cuestionamientos planteados por la Veeduría Cultural de Guayaquil en 2005. Hay un problema medular y de fondo: en Guayaquil quienes manejan las instituciones culturales locales no tienen las credenciales académicas para hacerlo. Es un panorama de meritocracia cero.
Ha dicho que las personas que manejan las instituciones del arte no tienen las credenciales académicas para hacerlo. Aycart dice que, por ejemplo, al espectador se lo  construye desde la academia; Lupe Álvarez indica que hay movimientos que se desarrollan “en franca antagonía” con la academia, y Víctor Hugo Arellano comentó el otro día que Melvin Hoyos había estudiado Historia del Arte en La Sorbona. ¿Cree que la academia debe ser la fuente primaria desde donde se promueva y desarrolle el arte?
La academia es un puntal fundamental, porque no es una entelequia inmóvil sino que va fluctuando también sus horizontes acompañando muchas veces los procesos culturales. En nuestro caso, la academia está representada por el ITAE y creo que desde ahí se han presentado los gestos más cuestionadores al acartonamiento institucional.
Esos lugares son frecuentados por un mismo público...
Sí. No contamos con una institución que tenga tanto los medios suficientes como las políticas adecuadas para desarrollar y apuntalar la cultura contemporánea. Por otro lado, siempre he sostenido que las plataformas independientes son necesarias, pero mantenerlas es costoso y demandante. Se requiere de un compromiso fuerte.
Tenemos en efecto un déficit de “audiencias” muy grande. Estas están conformadas principalmente por estudiantes de arte, y un núcleo de personas involucradas desde hace mucho tiempo. El coleccionismo, por ejemplo, aún es incipiente, aunque veo en nuevas generaciones algo de esperanza. Pero para analizar este asunto uno debe mirar el problema de lejos y ver  los factores implicados.
¿Qué factores son esos?
La prensa cultural, que en nuestro caso no es especializada y no prioriza la calidad de la oferta; y un tema de educación general que viene desde la primaria, donde el arte es absolutamente relegado. Se crece en Ecuador pensando que el arte es asunto superfluo, sin importancia y sin incidencia en la vida interior de las personas.

¿Qué ejemplo de prensa cultural podría dar?
Veamos lo que sucede en un centro cultural tan importante como Nueva York, ahí se tiene acceso a leer en la prensa a gente como Jerry Saltz, Holland Cotter, Peter Schjeldahl, que son gente muy conocedora, con la cual se puede disentir o no, pero que parten de una subjetividad muy informada para referirse a los eventos culturales. El público que lee a estas personas se enriquece y va formando cada vez más su propio criterio, porque les brindan elementos de juicio sólidos para aquilatar una exposición, por ejemplo.
¿Y cómo describiría a la prensa cultural ecuatoriana?
Acá creo que hay un abuso editorial cuando la persona que tiene que hacer una nota sobre el Salón de Julio, también comenta sobre un concierto de salsa. Acá los medios no invierten en la gente que sabe, por un lado  y, por otro, prefieren evitar los “problemas” que genera una crítica seria. Es curioso, por ejemplo, cómo se puede hacer papilla una película, pero no se puede reseñar una muestra de pintura. Y cuando lo hacen, llaman a diletantes harto contaminados de rencillas para cumplir el rol de críticos.
Creo que adoptan una actitud pragmática de no meterse en situaciones incómodas por algo tan “intrascendente” como la cultura. Hay mucho clientelismo en esto, mucha ñañería, mucho cuchi cuchi, jajaja, en un círculo pequeño donde todos prefieren sobarse la espalda cuando se ven, y despotricar nomás en privado.
¿Qué tan informado está sobre la Universidad de las Artes?
Más por lo que leo en la prensa. Sé que hubo reuniones para definir hasta la malla curricular acá en Guayaquil, con la concurrencia de muchos actores del país, pero no fui invitado.
Hasta ahora, cuando a alguien se le pregunta sobre la Universidad de las Artes, o no están autorizados para hablar o no conocen bien el proyecto, porque la comunicación no ha sido eficiente. Pero ha dicho que no está de acuerdo con ningún intento de proyecto basado en una ideología...
En efecto, me baso en declaraciones que he leído en la prensa, de donde se desprende que sería un proyecto con un norte simbólico de producción en extremo dirigido y alineado con preceptos ideológicos e identitarios que se me antojan demasiado coyunturales. Creo que un proyecto académico de esta magnitud debe plantearse bajo un cielo más ecuménico y plural, ya que las derivas del arte y las mismas nociones de identidad fluctúan constantemente.
No conozco ninguna universidad de arte prestigiosa en el mundo que opere bajo este tipo de enunciados. Ni el ISA en Cuba, de donde surgieron prácticas en extremo críticas con el mismo sistema educativo que lo regenta. Creo que es la inexperiencia y el no entender la historia del arte lo que impulsa a lanzar ese tipo de discursos: la creación simbólica y el poder siempre han tenido una tensa relación, aunque por un tiempito puedan caminar cogiditos de las manos.
El director del Museo Municipal de Guayaquil (MUMG) ha dicho que el interés de su institución es hacer que el guayaquileño se sienta orgulloso de su ciudad. ¿Qué análisis le sugiere esta declaración?
Mira, yo veo la realidad a través de la ideología que la atraviesa. Y la ideología atraviesa todo, hasta el pronunciamiento, aparentemente, más inocente. El poder, en este caso el local, siempre ha procurado aglutinar a los conglomerados sociales a través de un conjunto de enunciados o imaginarios con los cuales estos se sientan identificados.
Soy crítico cuando escucho ese tipo de cosas, porque sé lo que esconden las palabras. La ciudad de la cual yo me siento orgulloso y a la cual a veces critico no es la ciudad que me venden, es la que yo construyo con mi acción diaria. Por suerte ese río tan bello que tenemos no porta aún ninguna banderita.
El director del MUMG también dijo que si Lupe Álvarez no explica a qué se refiere con “manipulación de eventos”, ellos tomarán acciones. En la entrevista a Arellano, se le nombraron otros actores que han tratado el tema, incluyéndolo a usted. ¿Qué opina?
La primera cosa que encuentro curiosa es que no tengo idea de quién es el caballero Arellano. Llevo casi veinte años operando en la escena de artes visuales del país y nunca había escuchado de él. Tal vez eso explique el tono amenazante y amedrentador, más propio de la arena política que el que demanda la discusión sobre asuntos de cultura.
Me pregunto por qué el MUMG no invita a los claros protagonistas de la escena contemporánea a un debate abierto y público, con moderador y prensa, sobre el Salón de Julio, que es el tema al que evidentemente se refería Lupe Álvarez. Esa, en tal caso, sería la forma adecuada en que el señor Arellano resuelva sus dudas.
Este país se está acostumbrando a un vergonzoso gamberrismo, a un “bullying” que pretende judicializar toda opinión, y que solo añade leña al fuego a ese ambiente intolerante que vive el país. El alcalde debería ponerle el “estate quieto” a un funcionario que actúa de la misma manera que él mismo ha criticado cuando ha señalado actitudes similares provenientes del poder central.
Los funcionarios públicos, pagados con nuestros impuestos, deben entender que la crítica a su gestión es concomitante a los cargos que desempeñan. No están ahí para ser aplaudidos y deben ser interpelados cuando amerite.
La amenaza a Álvarez, una académica avalada por muchas camadas de alumnos y de prestigio internacional, es una vergüenza. Si siguen así, van a conducir el asunto a un penoso escándalo internacional que dejará a la administración cultural de Guayaquil, afanada en el dominio y el control y no en la libertad del arte, por las patas de los caballos: el prestigio no se gana ni se pierde en las cortes, sino en la gestión y el ejemplo.

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Artículo de Óscar Santillán tomado de Gkillcity
http://gkillcity.com/index.php/el-chongo/973-un-mapa-de-la-indiferencia


El fracaso de las instituciones culturales en Guayaquil
Las artes visuales del puerto han tenido una década excitante, intensa. Y ésta, la que apenas empezamos, presenta unos retos inmensos para consolidar lo construido: reinventándolo y diversificándolo. No hay nada que celebrar ya que aún todo es muy endeble. Antes y ahora, en Guayaquil estos cambios suceden a contracorriente de la arbitrariedad e indiferencia de las instituciones culturales nacionales y de la ciudad. Me refiero a la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), el MAAC, y el Museo Municipal de Guayaquil (MUMG).
Nuestros admirados burócratas culturales no escuchan, solo hablan y ofrecen hasta la vía láctea si hace falta. En realidad no saben qué hacer, su desorientación es evidente en la pobre oferta cultural de la ciudad, y su lenguaje tecnocrático –en el mejor de los casos– no logra ocultarlo. No tienen la menor idea del desarrollo de los debates globales ni locales en el mundo del arte contemporáneo, ni de las visiones más actuales de la gestión cultural. ¡Nos quieren hacer creer que el mundillo que han manejado a su buen antojo por años y décadas no ha cambiado ni continuará cambiando! Buena suerte a ellas y ellos, la historia los absolverá en su olvido.
He sido uno de los testigos y de los muchos protagonistas de esta mutación apasionante de la escena local, y esta historia está marcada por dos aspectos que quisiera mencionar en estas líneas: la incapacidad de las instituciones culturales de articularse con la escena artística, y la imposibilidad de los artistas contemporáneos por reconocerse en la tradición moderna del Ecuador. Ambos aspectos se entrecruzan en el proyecto nacional tristemente representado por la Casa de la Cultura. Quizás una de las peores ideas que se puedan concebir: convertir a los artistas en burócratas y asumir que cumplirán sus funciones con eficiencia y sin beneficiar sus muy particulares preferencias artísticas, y todo esto empaquetado con lo más opaco y correcto del lenguaje de la vieja izquierda. El resultado: de lo más colorido.
El error no es finalmente la mezquindad ni la falta de talento que se ha paseado con total autoridad por la CCE, sino errores de ingeniería en el plan original de Benjamín Carrión como los ya mencionados. El proyecto moderno nacional allí encarnado encuentra su paralelo, el guante perfecto, en el trabajo de Oswaldo Guayasamín y su proyecto de redención de los pobres (Guayasamín es el predecesor de Abdalá Bucaram). El didactismo sensiblero del indigenismo y su triste herencia son territorio muerto, no hay diálogo posible con esa tradición. Entre aquella modernidad y los artistas contemporáneos hay una brecha insalvable pero de lo más productiva. Como consecuencia, el arte contemporáneo ecuatoriano es libre de hacer lo que se le antoje ya que no le debe nada a ningún padre ni madre, en aquella brecha no veo sino un potencial único.
Hay que decirlo, también han existido luces esperanzadoras en la administración cultural local pero pronto han sido apagadas, ya que han sucumbido a agendas conservadoras (muchas veces empaquetadas con el siempre necesario léxico izquierdoso). La administración de Freddy Olmedo en el MAAC fue una de ellas. Ya que Olmedo es quiteño para atacarlo se utilizó el más vil y reaccionario de los argumentos posibles, el regionalismo. Lograron finalmente reemplazarlo por alguien del manso, la señora Mariella García Caputi –una artista con tan poco talento como Yela Loffredo– y gran cómplice de los burócratas neoliberales del Banco Central del Ecuador (BCE). Entonces se procedió al descuartizamiento del proyecto anterior hasta volverlo tan amateur como sus propias pinturas. Al mismo tiempo estos personajes del MAAC y el BCE asfixiaban al ITAE (tema ampliamente documentado y del que incluyo un link al final de este texto), colocándolo al borde de su desaparición. De allí en adelante la proyección regional e internacional del museo decayó hasta convertirse en un triste chiste provinciano, que hoy carece de un equipo curatorial de planta, y donde las decisiones se toman con criterios de lo más bonachones. Y lo peor quizás aún está por decirse, el Ministerio de Cultura no parece tener la voluntad de reinventar al MAAC con la visión y la ambición necesaria para que éste se convierta en un referente de esta parte del mundo al tiempo que en plena conexión con la escena nacional de arte contemporáneo.
La situación del Museo Municipal de Guayaquil (MUMG) es más ambigua, de ires y venires, de azares, de repentinos aciertos, pero padece de las mismas carencias que las instituciones nombradas: falta de gestores culturales profesionales, y no existe un equipo curatorial de planta que sea capaz de generar políticas y visiones flexibles pero de largo aliento. El principal producto cultural del MUMG es el Salón de Julio, un concurso de pintura ya reencauchado varias veces y que mantiene el formato de Pintura por mera tradición; y, que incluye en su reglamento la censura a cualquier expresión artística que aborde lo sexual de manera abierta. En esta sociedad pacata estos funcionaros públicos han instaurado la idiosincrasia católica de que el cuerpo es malo y debe ser gobernado (y su representación regulada) con reglas mojigatas y antojadizas.
Precisamente estas arbitrariedades fueron cuestionadas de manera argumentada por Lupe Álvarez en la entrevista que concedió a Diario El Telégrafo y publicada el 21 de Agosto. Dos días luego de esta intervención, en el mismo diario se publica una entrevista a un tal Víctor Hugo Arellano, director del MUMG, persona absolutamente desconocida en el medio artístico nacional. Este señor se presenta con frescura y prepotencia no para argumentar (con los conocimientos académicos que tal cargo demanda) sino para amenazar con judicializar las diferencias con la catedrática cubana. Lección bien aprendida de nuestros políticos criollos ¡bravo!.
Así, se desperdician oportunidades para el debate por esta arrogancia infantil que reina en nuestras instituciones.
Como consecuencia de este incidente varios artistas, intelectuales, y gestores hemos firmado una carta a este respecto dirigida al alcalde Jaime Nebot y cuya respuesta esperamos atentos.
Al final el formato mismo del Salón –el formato de concurso– es un despropósito total, pero quizás en el MUMG no conocen de otros modelos de gestión, de incentivos a la producción artística, de políticas de coleccionismo, y finalmente –tanto o más grave– desconocen de la indefinición contemporánea de los medios y territorios artísticos tradicionales, o como Barry Schwabsky lo explica en VITAMIN P,Today there is no consistent “look,” no particular method, style, material, subject, or theme that identifies a painting as credibly contemporary or, on the other hand, disqualifies it from consideration as such.
No es entonces que la pintura esté muerta ni mucho menos, sino que lo que está dentro o fuera de ella, sus límites, son francamente indefinibles o incluso innecesarios. Y, esto acompañado por el obsoleto formato de “Salón”, deviene en una producto cultural imposible de sostenerse por mucho tiempo más.
Admito que la preocupación de museo en exhibir ciertos contenidos sensibles a menores de edad sin el consentimiento de sus padres o tutores resulta ciertamente razonable (argumentable, pero razonable). Pero ese no es el motivo real de la censura a lo sexualmente explícito (cuyo rastro en la historia del arte proviene de antes de la misma historia del arte), sino la moralina despótica que se nos impone a los ciudadanos libres desde el imaginario socialcristiano. En la práctica, si los niños son la preocupación real, esto se arregla sin dificultades mayúsculas: dividiendo el espacio con paredes móviles, colocando las obras “conflictivas” (…digamos) en la sala ocasional, y advirtiéndole al público –al igual que en el cine o la televisión– del contenido de este espacio. Nada nuevo, en un museo tan visitado por personas de todas la edades como el MOMA, una aviso similar se hallaba a la entrada de Case History, la muestra del fotógrafo ucraniano Boris Mikhailov. Los ciudadanos no necesitamos de burócratas que tomen decisiones por nosotros, ni que nos defiendan de nuestros propios deseos.
Los responsables de que las cosas sean como sean y se mantengan como están en el MUMG no son únicamente el Director de Cultura de la Municipalidad, ni el director del museo, también lo son los directores del Salón que juegan a dos y tres manos en la tarea de contentar a todos. Ese comportamiento, el de la complacencia y la complicidad, tiene consecuencias desastrosas para toda la escena. Pocos años atrás, Mónica Vorbeck fue nombrada Directora del Salón y se planteó la necesidad de transformar las bases del Salón, solo para encontrarse con esa muralla de incomprensión irracional que son estos feudos. Mientras, otros directores del mismo concurso han asumido posiciones más indulgentes en estos temas.
En todo caso, para aparecer en mejores términos ante la opinión pública, los burócratas de la cultura acudirán a las estadísticas. En lugar de explicar los criterios de calidad de la programación cultural que proponen a la ciudad, nos contarán sobre cuántos miles de personas asistieron a sus eventos, siendo entonces que con este pobre criterio, Delfín Quishpe, Justin Bieber, y Ricardo Arjona son los mejores músicos del mundo.
Entonces, para aclarar el misterio: ¿dónde se ha desarrollado de forma constante esta vitalidad pronunciada de la escena guayaquileña? En iniciativas que se han saltado la trampa burocrática. En espacios privados como DPM y NoMINIMO; independientes, como Espacio Vacío; y públicos como el ITAE, cuyo proyecto pedagógico es el centro de esta renovación. Es una constelación compleja y aún endeble, siendo que todos estos proyectos son gestionados desde actores culturales locales, con resultados claros y evidentes.
Es por ello que, desde el territorio de las artes visuales, cuando una iniciativa como la Universidad de las Artes pretende insertarse de manera vertical, sin articularse con una realidad consolidada como el ITAE, en este barrio pequeño, caben muchas preguntas (algunas de las cuales propuse unas semanas atrás por medio de Gkill en un texto titulado De Cómo El Horizonte Se Hace Visible)
Todo lo mencionado parece apuntar a que los actores institucionales harán todo lo posible para no renovarse en esta década y para ello tienen un arma secreta: el silencio.
A quien no tiene argumentos, la prepotencia solo le sirve en los confines de su feudo, y no se va a permitir la humillación pública de ser interpelado (no puedo evitar pensar en el buen Álvaro Noboa rehuyendo a las entrevistas de Ecuavisa). Su pretendida indiferencia ante los argumentos que los otros actores culturales de hecho sí poseen le será su arma más efectiva y más penosa a la vez.
Parecería que en nuestro país el silencio no es un arma del espíritu, sino de la cobardía y el acomodo más patético.
Links relacionados:
Carta Abierta a Jaime Nebot
Entrevista a Lupe Álvarez:
Entrevista al director del MUMG:
Entrevista a Rodolfo Kronfle
Texto de Rodolfo Kronfle acerca del Salón de Julio
De Cómo el Horizonte se Hace Visible, por Oscar Santillan

2 comentarios:

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  2. Creo que sería pertinente empezar a preguntarnos sobre los límites de nuestras expectativas. Cada año con la esperanza que este concurso de pintura sea alqo mas que un concurso, que este modelo arcaico luzca tan bien como sea posible. Hasta allí llegamos. Al modelo del Salón de Pintura -en nuestro medio- se le sacaron sus últimos sorbos de aliento unos años atrás, y siempre a contrapelo de los deseos institucionales. El modelo del concurso de pintura es una momia que se mantiene por tradición (en la misma honda que los desfiles de bandas de guerra de colegios). Esta incapacidad de reinventarse, de profundizar, es responsabilidad del Museo Municipal y de quienes han participado activamente en instancias de decisión del mismo.
    Pero esto tiene una cierta contrapartida en el lado de los artistas también. Creo que ese Salón de Julio del 2005 revivió al evento y al mismo tiempo se robó esos últimos alientos para entablar una narrativa crítica con el concurso y los vicios más amplios del medio. Aquel instaló de manera clara las búsquedas y derroteros que han marcado no todas pero gran, gran parte de las propuestas posteriores del Salón. No se me ocurre un mejor ejemplo de esto: los límites del medio, agendas políticas y estéticas potentemente emplazadas, incluso controversias sobre cuestiones de género, de lo erótico están allí.
    Es muy probable que me equivoque, pero siento que gran parte de las propuestas que hemos visto desde esa versión del Salón han sido refraseos con los que se debería ser menos indulgente. Aquello, responsabilidad de los artistas.
    Como siempre destacan, caso aparte, aquellos artistas con prácticas sostenidas y propositivas como Brito, Terreros, e Hidalgo (cuya opción por participar ahora no me deja de sorprender ya que se hizo acreedor merecidamente del primer premio en la edición anterior).

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